domingo, mayo 28, 2006
Si la obra de tu vida puedes ver destrozada
y sin decir palabra, volverla a comenzar;
o perder en un día la ganancia de ciento
sin un gesto ni un suspiro...
*
Si puedes ser amante y no estar loco de amor,
si consigues ser fuerte sin dejar de ser tierno,
y sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,
luchar y defenderte...
*
Si puedes soportar que falseen tus palabras
los pícaros para excitar a los tontos;
y oír cómo sus lenguas falaces te calumnian
sin que tú mismo mientas...
*
Si puedes seguir digno aunque seas popular;
si consigues ser pueblo y dar consejo a los reyes;
y a todos tus amigos amar como a un hermano
sin que ninguno te absorba...
*
Si sabes meditar, observar, conocer,
sin llegar a ser nunca destructor o escéptico;
soñar, mas no dejar que el sueño te domine;
pensar, sin ser sólo un pensador...
*
Si puedes ser severo sin llegar a la cólera;
si puedes ser audaz sin pecar de imprudente;
si consigues ser bueno y logras ser un sabio
sin ser moral ni pedante...
*
Si alcanzas el triunfo después de la derrota
y acoges con igual calma esas dos mentiras;
si puedes conservar tu valor, tu cabeza
cuando la pierdan otros...
*
Entonces, los Reyes, los Dioses, la Suerte y la Victoria
serán ya para siempre tus sumisos esclavos
y, lo que vale más que la Gloria y los Reyes:
serás Hombre, hijo mío.
Rudyard Kipling
jueves, mayo 25, 2006
El arte va desnudo: Koko contra Willem de Kooning
Hace unos días descubrí una página en donde se propone al visitante un sencillo juego: entre nueve “obras de artes” ¿sabrías distinguir aquella que vale más de un millón de euros de las que no valen siquiera mil? Debo confesar que fallé pero no es eso lo mejor, lo mejor es que entre las nueve pinturas uno está pintada por Koko... ¡un gorila! No quiero resultar hiriente, tengo una formación universitaria y me considero una persona medianamente sensible y no encontré la diferencia entre la otra de Koko y la obra de un tal Willem de Kooning que el Guggenheim de Bilbao compró por ¡2,27 millones de euros! Aquí están dos “obras de arte” de estos dos creadores:



¿Podrías distinguir la Kokopintura del cuadro del autor cuyas obras son expuestas en los más renombrados museos de arte contemporaneo del mundo? Yo tampoco... pensandolo bien prefiero la obra de Koko, un animal con una inteligencia limitada, que la estafa manifiesta de este Willem. Una, muestra como en los animales late la capacidad de realizar composiciones de colores más o menos armoniosa, nos acerca a la naturaleza y nos recuerda el parentesco que tenemos con los animales; la otra "obra" muestra hasta donde puede llegar el snobismo, la paparrucha y la pseudointelectualidad... y ahora que lo pienso ¡también en lo que se gastan nuestros impuestos!
En posts anteriores analicé como la esencia del arte es el intento de conciliación de opuestos y como dos de esas oposiciones esenciales eran: la sensibilidad frente al intelecto y los cánones sociales frente a la originalidad del genio artístico. Denominé al arte que prima la comprensión frente al deleite estético como “arte intelectual” y al arte que prima la originalidad frente a la inteligibilidad “arte originalista” o “arte esnobista”. Bajo este doble rótulo cae la mayoría de la producción pictórica actual: es un arte que debe “entenderse” y no disfrutarse y es un arte sólo apropiado a una supuesta élite cultural. La historia pasará sobre este arte de museo y prefabricado no dejando tras de sí más que el estruendo de una carcajada. El verdadero arte nunca ha sido un arte de elite ni de populacho sino que precisamente ha sido arte por englobar en su goce a las categorías de lo humano más dispares. El flamenco o el jazz produce deleite a los grupos sociales más deprimidos y al crítico más exigente. Cuando el arte no atrae a las élites intelectuales de un país se muestra un arte vulgar, sensiblero e incluso, en ocasiones, zafio. Cuando el arte no eleva el espíritu de los elementos más desfavorecidos de una sociedad se torna en un arte de camarilla, esnob, muerto y clasista.
He puesto algunos ejemplos de ese arte que concilia las diferencias entre clases pero hay, afortunadamente, muchos más: el cine, la música popular, la fotografía, novelas etc. En todos estos géneros de arte cabe tanto la vulgaridad como el esnobismo pero por lo general una pequeña parte de esa producción llega a la categoría de lo verdaderamente artístico superando esas oposiciones sociales.

“Había una vez un rey muy presumido que quería hacerse un traje nuevo, para esto contrató a dos sastres famosos y hábiles. El día que debían entregarle al monarca su traje le llevaron a su probador y le dijeron “Majestad este traje es muy especial sólo pueden verlo las personas inteligentes, gracias a él descubriréis cuál de vuestros súbditos es un ignorante y cuál no lo es”. El rey miró el traje sin ver nada pero pensó: “Soy un ignorante, si lo digo ¿cuánto tiempo duraré como rey? debo simular y hacer como que lo veo”. Así que el rey hizo como si se vistiera con el traje aún sin verlo, fue al salón del trono y todos sus ministros, que ya sabían que sólo los inteligentes verían el traje, celebraron la belleza del nuevo traje real. Finalmente salió al pueblo, todos los aldeanos veían al rey desnudo pero nadie quería ponerse en evidencia, también ellos sabían que sólo los lerdos e ignorantes serían incapaces de ver el nuevo traje... El rey paseó con su traje pomposamente por el pueblo hasta que un niño al verlo gritó: “¡¡El rey va desnudo!!”. Todos los súbditos, el rey y sus ministros descubrieron el engaño...por que efectivamente nadie veía el traje del rey: el rey iba desnudo.”
He escuchado en varias ocasiones este cuento en relación al arte moderno: el arte pictórico actual va desnudo. Sólo la presunción, sólo la ignorancia, sólo ese “creer que se cree” permite que se paguen millones
de euros de nuestros impuestos a unos pintamonas que como los sastres del rey engañan a todos menos a los que no tienen miedo de ser tachados de ignorantes. Por que, efectivamente, hoy el gusto artístico está más secuestrado que nunca, hoy la disensión con el establishment del arte se paga ganándote el rótulo de “ignorante” o “es que tu no lo entiendes” o “está por encima de tus posibilidades”... Estos vanguardistas, estos autores undergroud muestran con este desprecio a la opinión mayoritaria su verdadera naturaleza intolerante. No crítico ni estoy agrediendo intelectualmente a aquellos que encuentran placer (para mi un placer ficticio pero quizás, ¿quién sabe?, para ellos un placer sincero) en estas pinturas, construcciones y decostrucciones, solamente reivindico, una vez más, el pensamiento diferente, la posibilidad de disentir de los criterios totalizantes sin ser transformado por el discurso “políticamente correcto” en un paria, en un imbécil o en un radical.Como el niño que no temía ni la ira del rey ni la risa de sus vecinos, yo también digo:”¡El rey va desnudo!”.
martes, mayo 23, 2006
Cuatro modos de lo para-artístico
En el post anterior tratamos de como el arte cuando no reconcilia una oposición degenera en algo que se parece al arte sin serlo. Basamos nuestro análisis en dos oposiciones que fueron originalidad-canon y sensibilidad-intelecto. Cuando la armonía entre estas oposiciones no se produce lo artístico degenera mostrando prioritariamente uno de los polos de la dicotomía dando lugar, si hacemos el análisis a través de las dos oposiciones que hemos reseñado, a cuatro formas de lo para-artístico. El antagonismo sensibilidad-intelecto da lugar a dos polarizaciones que son respectivamente el arte frívolo o sentimental y el arte frío o intelectual. A su vez el otro antagonismo, entre el canon estético y la originalidad del artista, da lugar polarizándose al arte vulgar y al arte esnob respectivamente. En este post ejemplificaremos cada uno de estos géneros cuasi artísticos.
Cuando hablamos del arte sentimental y frívolo es fácil comprender a que clase de arte nos referimos. Los medios de comunicación son una industria que produce masivamente ese tipo de subarte: películas, canciones, series etc. son claros ejemplos de este género. Las canciones de Bisbal o las películas como Titanic son manifestaciones de este arte frívolo. Las emociones humanas son representadas con simplicidad y superficialidad, todos reconocemos esas emociones por su carácter común y poco elaborado. La contemplación de estos productos no genera en el alma del espectador más que una descarga emocional superficial y eso sólo cuando el espectador no posee una sensibilidad superior; al espíritu formado, sin embargo, este subarte no genera más que indiferencia. No alcanza ni de lejos la armonía entre sensibilidad e intelecto ya que el elemento intelectual es ajeno completamente a este modo de lo para-artístico. Las novelas rosas son, igualmente, ejemplos claros de lo que decimos.
El arte intelectual o arte frío está representado de un modo menos obvio y menos masificado que el arte frívolo. Frente a las novelas rosas las novelas que representan este arte intelectual sería las novelas policíacas cuyo fin único es presentar un juego o un problema al intelecto del lector; obviamente no nos referimos aquí a las novelas de Dashiell Hammett o de otros genios de la literatura del XX (como tampoco incluimos dentro del genero de novela rosa a “Madame Bovary”). En el arte pictórico se ve ejemplificado este arte intelectual cuando se subraya la necesidad de comprender la obra pictórica y no la necesidad del deleite estético en su contemplación. En el cine, pintura y escritura este subarte es valorado por la supuesta élite intelectual en detrimento incluso del verdadero arte que no prima la comprensión sino el deleite en la armonía.

Pasando al siguiente antagonismo tenemos por un lado al arte vulgar y por otro al arte esnob. El arte vulgar es aquel que repite esquemas y parámetros estéticos de manera mecánica. Este mecanicismo de la producción pseudo artística se puede observar en la fabricación industrial de ornamentos (jarrones, cuadros, esculturas...) pero también en programas como “Operación Triunfo”. El arte se enseña, se modula y se produce en serie ¿existe diferencia substancial entre una canción de Alejandro Sanz y cualquier otro ídolo de quinceañeras? Las letras de las canciones y los guiones de las películas son, en muchos casos, intercambiables ya que responden a parámetros de escuelas repetitivos y archiconocidos. En épocas precedentes un artista genial producía una obra original que era una reinterpretación personal de los cánones vigentes; posteriormente sus discípulos copiaban ese estilo repetitivamente, sin alma y sin genio... esta es la diferencia entre el verdadero arte y el arte artesanal que hemos llamado arte vulgar.
Por ultimo el arte originalista o arte esnob es aquel que sustrayéndose radicalmente de los cánones pretende mostrar una obra de arte rompedora y completamente nueva. Este arte desprecia un valor esencial en la producción artística: el deseo de comunicabilidad. El arte originalista no permite salir al artista de su solipsismo onanista: crea para sí y por sí. En un intento de diferenciarse de la masa grupos intelectuales aprecian este arte de una manera artificiosa; se esfuerzan en creer que creen y finalmente acaban creyendo. Para el espíritu libre este arte se muestra falso y pretencioso. La armonía sigue rota como en el arte vulgar.
En el siguiente artículo "El arte va desnudo" analizaré el fenómeno del arte actual siguiendo el hilo de lo expuesto hasta aquí.
jueves, mayo 18, 2006
El arte y sus derivaciones
Definir lo que es arte y lo que no lo es a través de cánones rígidos es una tarea que además de imposible es bastante pretenciosa. No es esa nuestra voluntad en este post, no queremos teorizar sobre un sistema de discriminación estética sino exponer nuestra visión del sistema de las arte dentro de un esquema conceptual que nos permita entender mejor al arte y a las disciplinas artesanales y estéticas que le son adyacentes.Ya expusimos que el arte se presenta a la imaginación del hombre como armonía de opuestos y que esta armonía era ejemplificada en la aprehensión estética, en donde las dos facultades más elevadas del espíritu humano: la sensibilidad y la inteligencia actuaban al unísono y más allá del antagonismo que les es propio. Otro de los antagonismos que vemos superados en el arte es el representado por los estándares estéticos de la sociedad y por la originalidad del genio artístico. Cuando Nietzsche definió el genio estético como saber “bailar con cadenas” pensaba en este antagonismo que expresábamos líneas arribas. Los cánones estéticos por un lado entorpecen y resecan la originalidad del artista vulgar y, por otro, permiten que se manifieste y desarrolle la inspiración del autentico vate. La originalidad vivifica la tradición, la tradición moldea y manifiesta a la inspiración verdadera haciéndola inteligible.
Teniendo estas dos oposiciones fundamentales que reconcilia la obra de arte (cánones-originalidad y sensibilidad-intelecto) cabe preguntarse ¿qué ocurre cuando la reconciliación no se produce, cuando la obra de arte se polariza en uno de esos extremos y no consigue o no desea la reconciliación? Sin pretender mostrar todas las posibilidades de lo para-artístico expondremos a continuación como de cada dicotomía no superada surgen dos formas que se acercan a lo artístico sin llegar a ello; esto es lo que denominamos en el título de este post: lo adyacente al arte.
El primer antagonismo no superado que analizaremos será el de la sensibilidad y el intelecto. La no resolución del antagonismo se presenta aquí de dos maneras: la obra artística es desarmónica por una tendencia excesiva a la sensibilidad o por contra, esta desarmonía surge cuando la obra no sugiere nada a la sensibilidad sino solo representa un gozo al intelecto. En el primer caso estaríamos hablando de un arte frívolo (obras que hablan a la sensiblería antes que la sensibilidad) y en el primer caso de un arte frío (el llamado “arte intelectual”). En uno y otro caso este arte es un arte frustrado, un arte que no ha alcanzado su elevado propósito de armonizar esas dos formas esenciales del alma del hombre: razón y pasión.
El segundo antagonismo es el representado por el conflicto entre cánones estéticos y la
originalidad del genio. Es otra forma de ese antagonismo básico entre individuo y sociedad. Como en el anterior caso la desarmonía se presenta por exceso en uno de los dos polos. Un excesivo cuidado por los cánones estéticos establecidos convierte la obra de arte en algo muerto y que no trasmite nada, este es el caso del arte vulgar que puede degenerar en artesanía: un producto reconocible y repetitivo sin chispa de inspiración cuyo único merito es la repetición de ciertos parámetros estéticos establecidos. Por otro lado un olvido de estos cánones estéticos puede convertir el arte en un galimatías ininteligible, un arte que no se esfuerza en llegar al espectador y que por lo tanto queda atrapado en su solipsismo, este es el arte esnobista, originalista... igualmente mudo que el arte vulgar pero no por su carácter común sino precisamente por todo lo contrario, por su desprecio al carácter intersubjetivo que debe tener toda experiencia estética plena. En el próximo artículo "Cuatro modo de lo para-artístico" (link) ejemplificaré cada uno de estos cuatro tipos de construcciones subartísticas.
lunes, mayo 15, 2006
La experiencia estética como éxtasis
Ante la sensación de la continua ruptura, ante la sensación del eterno antagonismo de lo real, la experiencia estética se nos presenta como radical reconciliación de opuestos, como armonía y fin en si misma. Es, como ya dijo Schopenhauer, como si nuestra anodina existencia se detuviese en un momento y todos los cotidianos dolores se viesen apaciguados en un armonía total ¿Quién no ha sido capaz de olvidarse hasta de su propia existencia contemplando la infinitud en lo bello? Incluso el deseo se apacigua y se sublima en amor. Una de las dicotomías básicas de nuestra vida es la que representa el intelecto y la sensibilidad. Aquellas teorías que pretenden que consideremos estas facultades del espíritu humano como reconciliadas (v. gr. las teorías de D. Goleman) están viciadas por una voluntad preliminar de apaciguamiento y de “democratizar” las diferencias en una homogeneidad (perspectiva muy cara a los ideólogos actuales). Los frutos de un intelecto y de una sensibilidad puras y libres, es decir no domesticados, presentan un antagonismo reconciliable pero no reconciliado en su principio.
La citada dicotomía entre vida emocional y vida intelectual queda reconciliada en pocas experiencias y ninguna de ellas es una experiencia cotidiana, una de estas experiencias es la experiencia estética. El arte que expresa lo real no solo es captado por las facultades del intelecto sino también por las facultades de la sensibilidad; el acto mismo del aprehender estético es un acto de reconciliación de facultades y cuando esta reconciliación no se produce a este nivel prioritario es imposible que se produzca con posterioridad a la aprehensión. El arte intelectual es un arte frío y muerto, el arte sentimental es un arte frívolo y superfluo.
Hacemos nuestra la idea hegeliana del arte como una disciplina que manifiesta en lo sensible la armonía de lo real, no siendo esta armonía de lo real más que otro nombre con lo que denominar a la verdad. Éxtasis, detención del flujo de lo real o comunión inefable con lo verdadero... la experiencia estética se nos presenta como elemento fundamental para comprender al hombre y al mundo.
La belleza tiene, además, el carácter de lo fortuito, a cada momento se nos insinúa, en lo grande y en lo pequeño, en lo inaudito y el lo vulgar. Una maravillosa pintura o el tarareo de una melodía nos trasporta a ese mundo vedado al científico, al filósofo de igual manera que al hombre vulgar: el mundo de lo real, el mundo de lo bello.
En Oriente esta experiencia de unidad en la inmediatez inefable la representa con suma claridad los haikus: poemas sobre lo efímero que manifiestan lo eterno, poemas sobre lo trivial que muestran en su trivialidad una pequeña belleza, cercana y lejana a un mismo tiempo que, sin embargo, nos trasporta al reino de lo eterno.
Y ya que estamos en el exótico Japón terminaremos este post con un dialogo zen entre un discípulo y su maestro que muestra el carácter fortuito pero, lo repetiremos una vez más, inefable de lo bello, lo bello entendido, por supuesto, como manifestación de lo real, de lo absoluto, del zen.
- ¿Qué es el zen maestro?
- El abanico de seda me refresca con su airecillo- respondió el maestro.
(continuación link)
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