lunes, marzo 31, 2008
domingo, septiembre 30, 2007
La misología
Para saber más de la ética de Kant recomiendo las siguientes páginas, la primera es más divulgativa y la segunda es un capítulo de la clásica obra de Peter Singer "Compendio de Ética":
http://www.cibernous.com/autores/kant/teoria/etica/indice.html
http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/usr/ibjoa/et/sing14.html
domingo, marzo 04, 2007
La humildad del guerrero
“Un guerrero toma su suerte, sea la que sea, y la acepta con la máxima humildad. Se acepta con humildad así como es, no como base para lamentarse, sino como base para su lucha y su desafío.
Nos demoramos mucho para comprender eso y vivirlo por entero [...] Yo pensaba que la humildad no tenía que ver con el camino del guerrero. ¡Me equivocaba! Ahora sé que la humildad del guerrero no es la humildad del pordiosero. El guerrero no agacha la cabeza ante nadie, pero, al mismo tiempo, tampoco permite que nadie agache la cabeza ante él. En cambio, el pordiosero a la menor provocación pide piedad de rodillas y se echa al suelo a que lo pise cualquiera a quien considera más encumbrado; pero al mismo tiempo, exige que alguien más bajo que él le haga lo mismo.
[...] Yo conozco la humildad del guerrero y eso jamás me permitirá ser el amo de nadie”
viernes, febrero 23, 2007
La ética según Jesús de Nazaret
* El fin de la ética cristiana:
La ética cristiana es una ética salvífica; esto quiere decir que la finalidad de el proyecto ético de Jesús de Nazaret era la salvación del alma. La mayoría de las éticas religiosas son éticas salvíficas que pretenden alcanzar una meta ultraterrena para el hombre. Sin embargo, no todas las religiones plantean una ética de este tipo, pensemos en el budismo zen, ni todas las éticas salvíficas son necesariamente éticas religiosas.
En las enseñanzas recogidas en los evangelios canónicos Jesús invita a sus oyentes a alcanzar "el Reino del Padre". Todo sacrificio o sufrimiento adquieren sentido para llegar a este reino y esta vida eterna. Por supuesto, la ética cristiana se haya supeditada a la consecución de este fin pero, los contenidos éticos que trasmite pueden ser asumidos desde una posición agnóstica o atea.
* Las Bienaventuranzas:
"Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. " (Mt 5,1-12)
Las Bienaventuranzas forman parte de el denominado "Sermón de la Montaña", en ellas Jesús de Nazaret expone parte de su ideario ético. En este texto además de hacer un elenco de personas bienaventuradas en el mundo promete una serie de retribuciones futuras.
Las virtudes morales que defiende este texto son básicamente cuatro: mansedumbre, misericordia, limpieza de corazón y carácter pacificador.
Por mansedumbre debemos entender la posesión de un carácter pacífico y no dado al antagonismo. Va en relación a otros conceptos trasmitidos por Jesús como, por ejemplo, el "poner la otra mejilla" y tendría una clara demostración en la actitud de Jesús ante su persecución, juicio y ejecución.
La virtud de la misericordia va más allá de la virtud de la justicia. La voluntad de Jesús de perdonar "sesenta veces siete"sería otro ejemplo de esta virtud. Está relacionada también con una perspectiva profunda y radical sobre el sentimiento de compasión hacia nuestros semejantes.
La tercera virtud moral reseñada, la limpieza de corazón, hace referencia a la pureza de pensamiento e intención. El defecto moral opuesto a esta virtud sería, sin duda, la hipocresía. No basta actuar según viene determinado por la ley o la costumbre, hace falta actuar con una conciencia y una intención correcta también.
Según en texto de las Bienaventuranzas el seguidor de Jesús debe tener un carácter pacificador. Esto significa una voluntad no sólo pacífica sino también pacificante, el seguidor de Jesús no debe ser sólo una persona mansa sino también tendente a llevar esa paz y a propagarla con su palabra y obra.
* La dignidad del hombre en el mensaje de Jesús de Nazaret:
Y cuando los fariseos le vieron, Decían a sus Discípulos: --¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores? (Mt. 9, 11)
El contexto histórico en el que se desarrolló el mensaje de Jesús era un contexto en donde existían numerosas estratificaciones sociales, más aún en la Palestina de este periodo. El sistema social y económico del Imperio Romano se basaba en la esclavitud este sistema sobreentendía, por lo tanto, que la dignidad del hombre era un concepto relativo y no absoluto. Un hombre podía, perfectamente, carecer de ciertos derechos civiles por el simple hecho de haber nacido esclavo o por haber sido apresado en una guerra.
Por otro lado, en los territorios judíos, no sólo los esclavos carecían de algunos derechos sino que también a ciertos enfermos se les consideraba "intocables" como a los leprosos o a ciertos minusválidos ya que la religión judía consideraba que determinadas enfermedades eran castigos enviados por Dios a los pecadores.
En este contexto en donde la dignidad humana era relativa el mensaje de Jesús de Nazaret planteaba la idea de que todo ser humano tenía una dignidad específica e inalienable. Al ser todos hijos de Dios, todos poseemos un alma que puede mancharse con el pecado pero, a su vez, también puede limpiarse con el perdón de Dios. Esta idea de la dignidad humana como algo absoluto recuerda bastante la propuesta de los filósofos estoicos.
El dato histórico de que Jesús de Nazaret predicaba entre mujeres, leprosos y pecadores parece mostrar esta concepción novedosa que propuso Jesús sobre la dignidad humana. El ideal de vida que ejemplificó este profeta judío fue la vida en comunión de uno con otros como hermanos con hermanos y padres con hijos.
* El desapego a lo material
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se dedicará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?¿Quién de vosotros podrá, por más que se afane, añadir a su estatura un codo? ¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, Cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. Si Dios viste Así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?
Por tanto, no os afanéis diciendo: '¿Qué comeremos?' o '¿Qué beberemos?' o '¿Con qué nos cubriremos?' Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada Día su propio mal. ( Mt. 6, 24-34)
Otro elemento importante de la ética predicada por Jesús de Nazaret es el desapego a las realidades externas. La riqueza económica o la fama entre los hombres son preocupaciones superfluas que apartan al seguidor de Jesús del verdadero camino de la vida virtuosa.
La frase "es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios" también sirve para mostrar que el ideal de humildad se extiende tanto al alma como al cuerpo. En algunos fragmentos de los evangelios Jesús invita a hombres ricos a que abandonen sus riquezas y todas sus propiedades y se unan a él para extender su mensaje en comunidad.
* La ética como asunto personal y profundo:
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que Medís se os medirá.¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: 'Deja que yo saque la brizna de tu ojo', y he aquí que la viga está en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano. (Mt. 7, 1-5)
La preocupación salvífica de la ética cristiana tiene, lógicamente, una perspectiva proselitista pero, esta perspectiva no es la fundamental. Lo fundamental de la ética propuesta por Jesús de Nazaret es que esta ética sea un intento de autopurificación.
Frente a propuestas éticas que pretenden asumir la realización ética como un peldaño más elevado desde donde juzgar a los semejantes, Jesús propone una ética fundada en el auto-examen continuo que nos permita comprender también las debilidades del prójimo como propias antes de verlas desde una superflua superioridad.
Esta voluntad de autopurificación y autoexamen continuo fundamenta otro mensaje vital del discurso ético de Jesús: el perdón como virtud moral fundamental.
Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?" Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra". E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?" Ella respondió: "Nadie, Señor". Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más". (Jn. 8, 1-11)
Consecuencia también de entender la ética como un asunto profundamente personal es el desprecio que muestra Jesús hacia la hipocresía. No basta el acto desnudo sino también la intención de ese acto. El hipócrita es aquel que utiliza su "pureza moral" para mirar por encima del hombro a sus semejantes; este vanagloriarse de su actitud, en apariencia correcta pero en el fondo viciada, quita cualquier valor al acto moral. El acto moral es algo entre el individuo y Dios, se subraya así la naturaleza radicalmente personal de este acto.
Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos. De lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, hagas obras de misericordia, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. De cierto os digo que ellos ya tienen su recompensa. Pero cuando tú hagas obras de misericordia, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, de modo que tus obras de misericordia sean en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará. (Mt. 6, 1-6)
* La regla de oro de la moral:
Habéis oído que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al malo. Más bien, a cualquiera que te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto. A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues.
Habéis oído que fue dicho: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen; de modo que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso mismo los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.(Mt. 38-48)
La llamada regla de oro de la moral se encuentra en la reflexión ética oriental y occidental y viene a decir: "no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti". Dentro de la tradición filosófica moderna Kant enunció esta regla y le concedió un papel central en su sistema ético.
Pero en este texto Jesús parece que profundiza en esta regla, haciéndola extensible a toda la comunidad humana sin distinción. Esta extensión del amor universal a todos, amigos y enemigos, está en coherencia con la concepción de la dignidad humana como algo absoluto y no relativo ni relatilizable.
* Relación entre ética y política:
Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no te guías por las apariencias, sino que enseñas con verdad el camino de Dios.¿Nos es lícito pagar impuesto al César, o no?
Pero El, percibiendo su astucia, les dijo: Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que lleva?
Y ellos le dijeron: Del César.
Entonces El les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. (Lc. 20, 21-25)
De todo los rasgos analizados de la ética propuesta por Jesús podemos concluir que esta es ajena a la política o sino, al menos, distante. Al ser el proyecto ético un proyecto personal e íntimo el interés que muestra el mensaje de Jesús por la reforma política es pequeño. La verdadera revolución que propone este mensaje es una revolución individual, no una revolución política.
A pesar del distanciamiento de lo político, la ética de Jesús no es una ética individualista sino que plantea la relación entre los hombres desde una perspectiva de comunión no politizada. Es más importante, para Jesús los vínculos fraternales entre los hombres que los vínculos políticos, éticos o incluso familiares.
Por esto podemos decir que el mensaje de Jesús opone la vida en comunidad a la vida política; como queda reflejado en el siguiente texto:
Entonces Pilatos volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
Jesús respondió: ¿Esto lo dices por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí?
Pilatos respondió: ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?
Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí. (Jn. 18, 33-36)
lunes, enero 15, 2007
Cómo afrontar la oposición
Ve más allá y actúa como si no hubieras visto ni oído nada. Finalmente la peste de la maldad se desvanecerá sola.
Si decides luchar terminarás inevitablemente encadenado.
miércoles, enero 10, 2007
Apuntes sobre el estoicismo
Según el estoicismo antiguo el hombre está compuesto de tres realidades: cuerpo, aliento vital y espíritu. El cuerpo es la realidad material y evidente. Miembros, órganos, fluidos etc. El cuerpo es el cascarón que recubre y transporta a los otros dos elementos, más importantes del hombre. Para el estoicismo las perturbaciones del cuerpo son las que provocan las sensaciones de dolor y placer.
El hombre debe preservar y cuidar a su cuerpo; las perturbaciones, en lo posible, deben evitarse y, sobre todo, si el cuerpo es perturbado esto no debe afectar al espíritu. El sabio estoico no persigue el placer ni huye del dolor sino que afronta estas perturbaciones tal y como vengan. La razón de esto es que buscar el placer genera dolor cuando surge la carencia de lo que producía placer; o inestabilidad del ánimo por perseguir el placer que se anhela. El dolor no debe rehuirse pues es connatural al destino del hombre y a veces no sólo es connatural a su destino sino que a veces sufrir el dolor es una obligación moral, por ejemplo, afrontar el dolor de una tortura antes que delatar a un amigo ante un tirano.
Para el estoico, podemos decir, aferrarse al cuerpo (buscando el placer y huyendo al dolor) es aferrarse a una cosa que se derrumba carcomida. Lo corporal no es la esencia del hombre ya que no serías menos tú mismo si te amputaran un brazo. Ser esclavo de lo inesencial es ser esclavo de fantasmas y de sombras; es impropio de un hombre sabio el aferrarse a lo que es efímero, perecedero y ajeno a nuestra esencia.
La segunda parte que conforma la realidad que llamamos hombre es el "aliento vital". El "aliento vital" es algo no sólo propio del hombre sino que, de un modo u otro, todos los seres vivos poseen ese "ímpetu" que le lleva a ser seres vivos en vez de seres inertes. Con este aliento vital, el hombre tiene ciertas obligaciones como intentar mantenerlo en lo posible. No obstante el verdadero compromiso lo tiene el hombre con el tercer elemento que le constituye: el espíritu o "guía interior".
El espíritu es la porción de la divinidad que a cada uno nos ha tocado en suerte. Es de naturaleza racional y sociable. Este guía interior pertenece al hombre como ser racional y es ajeno a los animales, vegetales o seres inertes. Para entender este concepto es necesario explicar, aunque sea someramente, la filosofía natural y la teología estoica.
El estoicismo fue un movimiento filosófico panteísta. El panteísmo plantea que Dios no es trascendente a la Naturaleza sino inmanente a ella. En otras palabras: Dios y la Naturaleza son caras de una misma moneda o, en ocasiones, realidades idénticas. Frente a la visión trascendentalista de muchas religiones el panteísmo sostiene que no hay nada más allá del cosmos y que, por lo tanto, Dios no puede ser diferente al Universo mismo.
El orden natural es el orden divino. Las leyes de la naturaleza, la belleza y orden del mundo muestran la presencia de Dios en el cosmos. Los aparentes desórdenes (epidemias, cataclismos, guerras etc.) tienen sólo un carácter superficial ya que tras ese aparente sin sentido está el designio de Dios que se conoce como destino. El Dios estoico, hay que subrayarlo, no es un Dios personalista que quiera, odie, ame, conceda favores etc. sino que Dios es sencillamente, como se dijo ya, el orden del mundo.
El espíritu o como también lo llaman algunos estoicos "el dios que tenemos dentro" es la parte de este orden total que poseemos dentro de nosotros. En el hombre Dios ha adquirido la conciencia. Este "guía interior" es social ya que el Orden es un orden total del todo y sus partes, por esto el hombre tiende a la organización social: tiende a la universalidad, a la totalidad. Por otro lado, el espíritu es racional ya que representa una porción del Todo ordenado.
Este espíritu racional y social es, lógicamente, la parte más noble y esencial del hombre. Como individualidad muere al morir el sujeto pero, como es parte del conjunto universal, cuando el hombre muere como cuerpo y aliento vital se disuelve, el espíritu se reintegra en la unidad de Dios-Naturaleza como una gota de agua que se confunde en el mar: deja de existir como elemento diferenciado pero no desapareciendo en la Nada sino reintegrándose en el conjunto del Todo.
Estas consideraciones acerca del hombre y del mundo tienen unas implicaciones éticas concretas que vamos a ver a continuación:
* La aceptación del destino:
Todo lo que nos ocurre depende de la Naturaleza-Dios. La muerte es inevitable y estamos destinados a ella pero, igualmente, la vida, la fama, la riqueza, la pobreza, el dolor o la alegría forman parte de nuestro destino. Nada ocurre fuera de la Naturaleza luego, nada ocurre fuera de los designios de las leyes del Universo. Todo tiene un sentido y una razón.
Los estoicos usaban el símil de un perro amarrado a una carroza, cuando la carroza anda el perro debe ir detrás de ella pero lo puede hacer de dos modos: aceptándolo y siguiéndola al trote o sin aceptarlo y siendo arrastrado por el pescuezo.
Una vez aceptado el destino el hombre se conforma a él y es feliz. La primera y más importante aceptación es la de nuestra fugacidad y fragilidad: la vida es efímera, comparándonos con los millones de años que tiene el Universo no somos más que un destello en una obscuridad infinita; asumir esto es asumir nuestra fugacidad. Por otro lado, cualquier momento puede ser el último y nada ni nadie puede garantizarnos que al instante siguiente no vayamos a estar muertos; asumir esto es asumir nuestra fragilidad. Quien niega su fugacidad se cree eterno, quien niega su fragilidad se cree invulnerable. Quien se cree eterno e invulnerable se engaña y el engaño conlleva sufrimiento. Para evitar este sufrimiento debemos aceptar nuestro destino inapelable: la muerte y el olvido.
* El desapego al mundo
De la aceptación estoica del destino se sigue el desapego al mundo. El Universo se nos muestra como un continuo fluir de elementos. Felicidad y dolor, vida y muerte, creación y destrucción etc. aparecen unidos de manera constante en el mundo material que conocemos. Aferrarse a estas realidades transitorias es como querer permanecer en una casa en llamas; en ella, como en el mundo, nada es estable ni permanente. Aferrarse a lo impermanente como si fuera permanente solo puede producir sufrimiento.
Esta impermanencia, no obstante está sustentada en la permanente: la Naturaleza-Dios. Nuestro espíritu forma parte de esa ley universal, de esa Naturaleza-Dios pero, en el momento de nuestra muerte todas las experiencias individuales desaparecen para siempre y quedamos unidos y confundidos en y con Dios.
Los bienes materiales, la fama, incluso la salud son cosas transitorias. La felicidad y el dolor son estados de nuestra mente y de nuestro juicio, si elevamos nuestro juicio hacia lo permanente estaremos en lo esencial más allá de esas dos opiniones que son: "soy feliz" y "soy desgraciado".
Frente a las cosas materiales (riqueza, salud, belleza...) y a los estados de nuestra mente (alegría, tristeza, envidia...) que son transitorios nuestro guía interior, nuestra razón aparece como eterna. En esa ciudadela que es lo más elevado de nosotros mismos debemos retirarnos a través del desapego al mundo.
* Vivir conforme la razón:
Como los rasgos del espíritu más importantes son su carácter social y racional y dado que debemos vivir conforme este espíritu el hombre bueno tendrá, para los estoicos, dos rasgos esenciales: será racional y social.
Que el hombre sabio es un hombre racional significa que la mesura, la imperturbabilidad y la tranquilidad deben ser las características más acusadas de su carácter. El hombre que vive en la virtud tendrá un carácter ecuánime y justo en todas las circunstancias. Actuará en público como en privado no dando cabida, ni siquiera en la soledad de sus pensamientos, a reflexiones desmedidas, apasionadas o de las que se deba avergonzar. La máxima dicha para el hombre es este estado de comunión con el Universo en el que se comprende el sentido profundo de todo.
Que el hombre sabio es un hombre sociable significa que, en contra de lo que decían los epicúreos, debe implicarse en la vida ciudadana. Por otro lado, el estoico se siente miembro de una comunidad social que va más allá de su ciudad o provincia: el estoico es un cosmopolitas (literalmente "ciudadano del cosmos") ya que el espíritu es propio de todos los hombres, todos los hombres poseen la misma dignidad; el hombre sabio mirará con compasión a todos los habitantes del mundo, sintiéndose parte de esa comunidad que va más allá de las fronteras de su patria. Esta pertenencia a la comunidad de todos los hombres también alimenta en el hombre bueno la tranquilidad de ánimo que es, como ya se dijo, la más alta meta para cualquier hombre según los estoicos.
Fragmentos de las Meditaciones de Marco Aurelio
lunes, noviembre 20, 2006
La génesis de los sentimientos morales
En este trabajo analizaré las diferentes teorías de tres autores, Piaget, Köhlberg y Rawls, sobre cómo se generan los sentimientos morales en los niños. Aunque ocasionalmente se encuentra la exposición de estas teorías como si fuesen antagónicas, en este trabajo, subrayaré los puntos en común antes que los puntos divergentes de las tres perspectivas.
Los siguientes textos no son de mi autoría; mi trabajo ha consistido en buscar información diversa y estructurarla ordenadamente. Las páginas web de donde he obtenido los textos son las siguientes:
http://www.xtec.es/~lvallmaj/passeig/kohlber2.htm
http://www.xtec.es/~lvallmaj/passeig/dilema2.htm
La heteronomía y autonomía moral según Piaget:
Según Piaget, en la génesis y desarrollo de los juicios morales existen dos fases claramente definidas, y supone una tercera, más difusa, que sirve de transición entre ambas:
1ª) Fase heterónoma, que se caracteriza por lo que él llama "realismo moral", esto es, por la influencia o presión que ejercen los adultos sobre el niño. En esta fase, las reglas son coercitivas e inviolables; son respetadas literal y unilateralmente por cuanto el niño aún no se diferencia del mundo social que le rodea, de manera que es una fase "egocéntrica". Por otra parte, la justicia se identifica con la sanción más severa. Esta fase estaría comprendida entre los cuatro y los ocho años.
2ª) Fase de transición, en la que se da la interiorización de las normas igual que en la segunda fase, si bien la universalización se hace aún de forma incorrecta y la justicia es más igualitarista (todos iguales, sin distinción) que equitativa.
3ª) Fase autónoma, en la que las reglas surgen de la cooperación entre iguales, y el respeto y consentimiento mutuos. Las reglas se interiorizan y se generalizan hasta alcanzar la noción de justicia equitativa -no igualitarista- que implica el reparto racional en función de las situaciones. Esta fase abarcaría desde los nueve hasta los doce años.
A la vista de todos estos datos se pueden establecer las siguientes conclusiones:
· Existe un paralelismo -que Piaget nunca llegó a determinar claramente- entre la evolución intelectual y el desarrollo moral del niño.
· La madurez mental y física del niño es tan importante como los procesos sociales e indispensable para su madurez moral.
· Las relaciones basadas en la autoridad únicamente producen heteronomía moral, mientras que las basadas en la cooperación conducen progresivamente a la autonomía.
Las etapas del desarrollo moral según Köhlberg
Köhlberg, conocedor de los trabajos de Piaget, encontraba insuficiente la división del desarrollo moral en dos grandes estadios, con un tercero de puente entre ellos. Köhlberg intentó conocer el desarrollo moral “ midiendo” el alcance de los juicios morales. Por ejemplo, “ahora, me chivo”, “el que la hace la paga” o “no es justo lo que me has hecho”, son expresiones que denotan cada una un cierto tipo de juicio moral: “es bueno recurrir a la autoridad”, “es bueno devolver el daño” o “ es bueno lo que es justo”, respectivamente.
Köhlberg llega a la conclusión de que si bien las normas morales o los valores de una cultura pueden ser diferentes de los de otra, los razonamientos que los fundamentan siguen estructuras o pautas parecidos. Todas las personas seguimos —defiende— unos esquemas universales de razonamiento y, vinculados a la propia psicológica, evolucionamos de esquemas más infantiles y egocéntricos a esquemas más maduros y altruistas.
Los resultados de las investigaciones de Köhlberg se condensan en seis etapas del desarrollo del juicio moral, encuadradas dentro de tres niveles (Preconvencional, Convencional y Postconvencional) que veremos a continuación.
El nivel Preconvencional es un nivel en el cual las normas son una realidad externa que se respetan sólo atendiendo las consecuencias (premio, castigo) o el poder de quienes las establecen. No se ha entendido, aún, que las normas sociales son convenciones por un buen funcionamiento de la sociedad. Este nivel integra a los dos siguientes estadios.
Estadio 1. Obediencia y miedo al castigo:
El estadio en el cual se respetan las normas por obediencia y por miedo al castigo. No hay autonomía sino heteronomía: agentes externos determinan qué hay que hacer y qué no. Es el estadio propio de la infancia, pero hay adultos que siguen toda su vida en este estadio: así el delincuente que sólo el miedo le frena.
Las razones para hacer lo justo son evitar el castigo y el poder superior de las autoridades.
Estadio 2. Favorecer los propios intereses
El estadio en el cual se asumen las normas si favorecen los propios intereses. El individuo tiene por objetivo hacer aquello que satisface sus intereses, considerando correcto que los otros también persigan los suyos. Las normas son como las reglas de los juegos: se cumplen por egoísmo. Se entiende que si uno no las cumple, no le dejarán jugar. Es un estadio propio del niño y de las personas adultas que afirman: «te respeto si me respetas», «haz lo que quieras mientras no me molestes».
La razón para hacer lo justo es satisfacer las necesidades e intereses propios de un mundo en el que hay que reconocer que los demás también tienen sus intereses.
En este nivel, las personas viven identificadas con el grupo; se quiere responder favorablemente en les expectativas que los otros tienen de nosotros. Se identifica como bueno o malo aquello que la sociedad así lo considera. Este nivel integra el estadio 3 y el estadio 4.
En este estadio las expectativas de los que nos rodean ocupan el puesto del miedo al castigo y de los propios intereses. Nos mueve el deseo de agradar, de ser aceptados y queridos. Hacer lo correcto significa cumplir las expectativas de les personas próximas a un mismo. Es un estadio que se da en la adolescencia pero son muchos los adultos que se quedan en él. Son gente que quieren hacerse amar, pero que se dejan llevar por las otras: los valores del grupo, las modas, lo que dicen los medios de comunicación.
Las razones para hacer lo justo son que se necesita ser bueno a los ojos propios y a los de los demás.
Es el estadio en el cual el individuo es leal con las instituciones sociales vigentes; para él, hacer lo correcto es cumplir las normas socialmente establecidas para proporcionar un bien común. Aquí comienza la autonomía moral: se cumplen las normas por responsabilidad. Se tiene conciencia de los intereses generales de la sociedad y éstos despiertan un compromiso personal. Constituye la edad adulta de la moral y se suele llegar bien superada la adolescencia. Kohlberg considera que éste es el estadio en el cual se encuentra la mayoría poblacional.
Las razones para hacer lo justo son mantener el funcionamiento de las instituciones en su conjunto, el autorrespeto o la conciencia al cumplir las obligaciones que uno mismo ha admitido o las consecuencias: "¿Qué sucedería si todos lo hicieran?".
Es el nivel de comprensión y aceptación de los principios morales generales que inspiran las normas: los principios racionalmente escogidos pesan más que las normas. Le componen el estadio 5 y el estadio 6.
Es el estadio de la apertura al mundo. Se reconoce que además de la propia familia, grupo y país, todos los seres humanos tienen el derecho a la vida y a la libertad, derechos que están por encima de todas las instituciones sociales o convenciones. La apertura al mundo lleva, en segundo lugar, a reconocer la relatividad de normas y valores, pero se asume que las leyes legítimas son sólo aquéllas obtenidas por consenso o contrato social. Ahora bien, si una norma va contra la vida o la libertad, se impone la obligación moral de no aceptarla y de enfrentarse a ella.
Las razones para hacer lo justo, en general, son sentirse obligado a obedecer la ley porque uno ha establecido un pacto social para hacer y cumplir las leyes, por el bien de todos y también para proteger los derechos propios, así como los derechos de los demás. La familia, la amistad, la confianza y las obligaciones laborales son también obligaciones y contratos que se han aceptado libremente y que suponen respeto por los derechos de los demás. Uno está interesado en que las leyes y los deberes se basen en el cálculo racional de la utilidad general: "la máxima felicidad para el mayor número".
Estadio 6: Principios éticos universalesSe toma conciencia que hay principios éticos universales que se han de seguir y tienen prioridad sobre las obligaciones legales e institucionales convencionales. Se obra con arreglo a estos principios porque, como ser racional, se ha captado la validez y se siente comprometido a seguirlos. En este estadio impera la regla de oro de la moralidad: "hacer al otro lo que quiero para mí". Y se tiene el coraje de enfrentarse a las leyes que atentan a los principios éticos universales como el de la dignidad humana o el de la igualdad.
La razón para hacer lo justo es que, en la condición de persona racional, uno ve la validez de los principios y se compromete con ellos.
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Todas estas etapas están vinculadas a cambios de edad, son universales, irreversibles y constituyen una "secuencia lógica" y "jerárquica". Sin embargo, aunque se dan en todos los niños y jóvenes, difícilmente se encuentran "tipos puros", de manera que es más correcto referirse a la "etapa dominante".
Las conclusiones que Köhlberg deriva de sus trabajos son:
· La maduración moral depende de la interacción del desarrollo lógico y el entorno social.
· Cada etapa muestra un progreso con respecto a la anterior: desde el sometimiento a la autoridad externa de la primera hasta los principios universales de las dos últimas.
· Son los sujetos los que "construyen", en cada etapa más personal y autónomamente, el alcance de sus juicios morales.
· Si un sujeto madura físicamente sin sobrepasar las dos primeras etapas, permanece en ellas y se configura como un "tipo puro".
· Los sujetos que alcanzan las tres últimas no se configuran como "tipos puros" hasta alrededor de los veinticinco años.
Rawls: las etapas del desarrollo del sentimiento de justicia
Según Rawls, la moralidad se desarrolla en tres etapas, que son: moralidad de la autoridad, moralidad de la asociación y moralidad de los principios.
La moralidad de la autoridad es la moralidad del niño. Según Rawls el sentido de la justicia es adquirido gradualmente por los miembros más jóvenes de la sociedad a medida que se desarrollan.
Es característico de la situación del niño que no esté en condiciones de estimar la validez de los preceptos y mandamientos que le señalan quienes ejercen la autoridad: en este caso sus padres. No sabe ni comprende sobre qué base puede rechazar su dirección. En realidad, el niño carece por completo de justificación. Por tanto, no puede dudar razonablemente de la conveniencia de los mandamientos paternos.
Las acciones de los niños están motivadas, inicialmente, por ciertos instintos y deseos, y sus objetivos están regulados por un propio interés racional. Aunque el niño tiene la capacidad de amar, su amor a los padres es un nuevo deseo que surge de su reconocimiento del evidente amor que ellos le tienen y de los beneficios que para él se siguen de las acciones con que sus padres le expresan su amor. Cuando el amor de los padres al niño es reconocido por él sobre la base de las evidentes intuiciones paternas, el niño adquiere una seguridad en su propio valor como persona. Se hace consciente de que es apreciado, en virtud de sí mismo, por los que para él son las personas imponentes y poderosas de su mundo.
Con el tiempo, el niño llega a confiar en sus padres y a sentirse seguro en su ambiente; y esto le conduce a lanzarse y a poner a prueba sus facultades, que van madurando, aunque apoyado siempre por el afecto y el estímulo de sus padres. Gradualmente, adquiere varias aptitudes, y desarrolla un sentido de competencia que afirma su autoestimación. Es en el curso de todo este proceso cuando se desarrolla el afecto del niño a sus padres. Los relaciona con el éxito y con el goce que ha sentido al afianzar su mundo, y con el sentimiento de su propio valor. Y esto origina su amor por ellos.
El niño no tiene sus propias normas éticas, porque no está en condiciones de rechazar preceptos sobre bases racionales. Si ama y confía en sus padres, tenderá a aceptar sus mandatos. También se esforzará por quererles, admitiendo que son, ciertamente, dignos de estima, y se adherirá a los preceptos que ellos le dictan. Se supone que ellos constituyen ejemplos de conocimientos y poder superiores, y se les considera como prototipos a los que se apela para determinar lo que se debe hacer. El niño, por tanto, acepta el juicio que ellos tienen de él y se sentirá inclinado a juzgarse a sí mismo como ellos le juzguen cuando infringe sus mandamientos. Si quiere a sus padres y confía en ellos, entonces, una vez que ha caído en la tentación, está dispuesto a confesar sus transgresiones y procurará reconciliarse. En estas diversas inclinaciones se manifiestan los sentimientos de culpa. Sin estas inclinaciones y otras afines, los sentimientos de culpa no existirían.
Las condiciones que favorecen el aprendizaje de la moralidad por parte del niño son dos:
1. Los padres deben amar al niño y ser objetos dignos de su admiración. De este modo, despiertan en él un sentimiento de su propio valor y el deseo de convertirse en la misma clase de persona que ellos.
2. Deben enunciar reglas claras e inteligibles (y, naturalmente, justificables), adaptadas al nivel de comprensión del niño. Además, deberán exponer las razones de tales reglas en la medida en que éstas puedan ser comprendidas, y deben cumplir asimismo estos preceptos en cuanto les sean aplicables a ellos también. Los padres deben constituir ejemplos de la moralidad que ellos prescriben, y poner de manifiesto sus principios subyacentes a medida que pasa el tiempo. El niño tendrá una moralidad de la autoridad, cuando esté dispuesto, sin la perspectiva de la recompensa o el castigo, a seguir determinados preceptos que no sólo puede parecerle altamente arbitrarios, sino que en modo alguno se corresponden con inclinaciones originales. Si adquiere el deseo de cumplir estas prohibiciones, es porque ve que le son prescritas por personas poderosas que tienen su amor y confianza, y que también se conducen de acuerdo con ellas. Entonces, concluye que tales prohibiciones expresan formas de acción que caracterizan la clase de persona que él desearía ser.
La segunda fase en el desarrollo de la moralidad del individuo es la moralidad de la asociación. El contenido de ésta viene dado por las normas morales apropiadas a la función del individuo en las diversas asociaciones a que pertenece. Estas normas incluyen las reglas de moralidad de sentido común, juntamente con los ajustes necesarios para insertarlos en la posición particular de una persona; y le son inculcadas por la aprobación y por la desaprobación de las personas dotadas de autoridad, o por los otros miembros del grupo.
La moralidad de la asociación incluye un gran número de ideales, definido cada uno de ellos en la forma adecuada a los respectivos status o funciones. Cada ideal particular se explica, probablemente, en el contexto de los objetivos y propósitos de la asociación a la que pertenece la función o la posición de que se trate. En su momento, una persona elabora una concepción de todo el sistema de cooperación que define la asociación y las metas a que tiende. Sabe que los otros tienen que hacer cosas diferentes, según el lugar que ocupen en el esquema cooperativo. Así, con el tiempo, aprende a adoptar el punto de vista de los otros, y a ver las cosas desde su perspectiva. Parece, pues, admisible que la adquisición de una moralidad de la asociación (representada por determinadas estructuras de ideales) dependa del desarrollo de las capacidades intelectuales requeridas para considerar las cosas desde una variedad de puntos de vista y para interpretarlas, al propio tiempo, como aspectos de un sistema de cooperación.
¿Cómo se llegan a adquirir deseos de cooperación? Una vez comprobada la capacidad de una persona de sentir simpatía hacia otros, puesto que ha adquirido afectos, mientras sus compañeros tienen el evidente propósito de cumplir sus deberes y obligaciones, él desarrolla sentimientos amistosos hacia ellos, juntamente con sentimientos de lealtad y confianza. Así pues, si los que se hallan comprometidos en un sistema de cooperación social actúan de un modo regular, con el evidente propósito de mantener sus justas normas, entre ellos tienden a desarrollarse lazos de amistad y confianza mutua, lo que les une al esquema cada vez más. Una vez establecidos estos lazos, una persona tiende a desarrollar sentimientos de culpa cuando no consigue realizar su función, sentimientos que se manifiestan en una inclinación a compensar los daños causados, en una voluntad de admitir que nuestra conducta ha sido injusta (errónea) y a disculparnos por ello, o en el reconocimiento de que el castigo y la censura son injustos.
Y así llegamos a la fase de la moralidad de los principios. La moralidad de la asociación conduce, de un modo enteramente natural, a un conocimiento de las normas de la justicia. Una vez que las actitudes de amor y confianza, y de sentimientos amistosos y de mutua fidelidad, han sido generadas de acuerdo a las dos etapas precedentes, entonces el reconocimiento de que nosotros y aquellos a quienes estimamos somos los beneficiarios de una institución justa, establecida y duradera, tiende a engendrar en nosotros el correspondiente sentimiento de justicia. Desarrollamos un deseo de aplicar y de actuar según los principios de la justicia, una vez que comprobamos que los ordenamientos sociales que responden a ellos han favorecido nuestro bien y el de aquellos con quienes estamos afiliados. Con el tiempo llegamos a apreciar el ideal de la cooperación humana justa.
Este sentimiento de justicia se manifiesta de dos formas:
1. Nos induce a aceptar las instituciones justas que se acomodan a nosotros, y de las que nosotros y nuestros compañeros hemos obtenido beneficios. Necesitamos llevar a cabo la parte que nos corresponde para mantener aquellos ordenamientos y tendemos a sentirnos culpables cuando no cumplimos nuestros deberes y obligaciones.
2. Un sentimiento de justicia da origen a una voluntad de trabajar en favor de la implantación de instituciones justas y en favor de la reforma de las existentes cuando la justicia lo requiera.
jueves, noviembre 02, 2006
Una juez de Santander sentencia que descargar música por Internet sin ánimo de lucro no es delito
Los ataques que sufre continuamente el derecho a la copia privada se insertan en una campaña que pretende criminalizar la libre distribución de información. Es la historia eterna del pez grande que se come al chico pero esta vez el pez chico no esta sólo, somos muchos pezqueñines que no estamos dispuestos a consentir que la industria y el lucro monopolicen el arte y la cultura. El arte, la cultura y el conocimiento es de todos; no voy a cobrarte un canon por leer mi blog ni siquiera porque reproduzcas lo que en él escribo. No es un crimen que lo hagas, más bien me siento contento de que lo hagas, de que valores mi trabajo y te aporte algo, como a mi me han aportado tanto tanto los trabajos de otros internautas. ¡¡BASTA YA DE CRIMINALIZAR EL INTERCAMBIO NO LUCRATIVO DE INFORMACIÓN!! ¿Llegará el día que los niños se presten los lapices y deban pagar un tanto por ciento a la SGAE u otros grupos organizados que pretenden defender sus intereses ilegítimos?
Aún hay esperanzas, lee esta noticia y sabrás porqué lo digo:
(esta noticia ha sido extraida de esta página de El Pais Digital)
Una juez de Santander sentencia que descargar música por Internet sin ánimo de lucro no es delito
La magistrada mantiene que considerar delito las descargas de música sin compensaciones "implicaría la criminalización de comportamientos socialmente admitidos y muy extendidos"
La juez de lo Penal número 3 de Santander, Paz Aldecoa, ha absuelto a un internauta -para quien se pedían dos años de cárcel por descargar y compartir música en Internet- por considerar que esa práctica no es delito, si no existe ánimo de lucro, y está amparada por el derecho de copia privada. La sentencia, que ya ha suscitado numerosos comentarios en foros de internet, entre ellos el de la Asociación de Internautas (www.internautas.org), mantiene que considerar delito las descargas de música sin ánimo de lucro "implicaría la criminalización de comportamientos socialmente admitidos y además muy extendidos en los que el fin no es en ningún caso el enriquecimiento ilícito, sino el ya reseñado de obtener copias para uso privado".
El internauta encausado en este juicio, J.M.L.H., de 48 años, fue procesado por descargarse de Internet álbumes musicales "a través de distintos sistemas de descarga de archivos", por obtener copias digitales de los discos que poseía y por ofrecerse a intercambiar su colección con otros internautas en chats y correos electrónicos.
Los hechos probados de la sentencia dejan claro que el acusado "ofrecía o cambiaba" su música "a otros usuarios de Internet en todo caso sin mediar precio", detalle en el que se basa la absolución. Por estas prácticas, se habían personado en su contra como acusaciones el Ministerio Fiscal, la Asociación Fonográfica y Videográfica Española (Afyve) y la Asociación Española de distribuidores y editores de software de entretenimiento (Adese).
El Ministerio Público solicitó que J.M.L.H. fuese condenado por un delito contra la propiedad intelectual a dos años de cárcel, 7.200 euros de multa y al pago de una indemnización de 18.361 euros a Afyve y de otra en la cantidad que se acreditase posteriormente a Adese y a Asociación de Distribuidores e Importadores Videográficos de Ambito Nacional (Adivan). Afyve suscribió la petición del fiscal y Adese solicitó un año y medio de multa y 6.000 euros de multa.
Sin contraprestaciones
La juez Paz Aldecoa, en una sentencia a la que ha tenido acceso EFE, responde a fiscal y las acusaciones particulares que para que exista el delito contra la propiedad intelectual es necesario que medie ánimo de lucro, una intención que no observa en el acusado. Ni mediaba precio ni aparecían otras contraprestaciones que la propia de compartir entre diversos usuarios el material del que disponían. Y, a juicio de la juez, ello entra en conexión con la posibilidad que el artículo 31 de la Ley de Propiedad Intelectual establece de obtener copias para uso privado sin autorización del autor; sin que se pueda entender concurrente ese ánimo de obtener un beneficio ilícito", argumenta la magistrada.
La juez Paz Aldecoa concluye su razonamiento asegurando que, sin ese ánimo de lucro, los hechos que se imputan a este internauta no constituyen "una infracción merecedora de sanción penal".
jueves, octubre 05, 2006
Contrato de maestras ¿1923 o 2006?

La claridad con que se expresa este contrato nos puede resultar hiriente pero el fondo de sórdida mentalidad machista ¿no subyace en los contratos basuras por semanas de las cajeras de los grandes almacenes que quedan sin renovar al momento que las cajeras dan el menor síntoma de preñez? Lógicamente quien dice cajeras dice limpiadoras, auxiliares de enfermería, camareras etc.
La putrefacta mentalidad que prohíbe en este contrato a las maestras teñirse el pelo ¿No subyace aún en los anuncios en donde se solicita “dependienta con buena presencia”? ¿No subyace esta asquerosa mentalidad en la dificultad que encuentran muchas mujeres y hombres en encontrar trabajo por llevar determinada vestimenta, peinado, adornos corporales etc?
Las formas se han hecho hoy más hipócritas pero el fondo, turbio y miserable, no ha cambiado tanto.
Quizás llegue algún día en el que nos podamos reír de este “contrato de maestras” pero mi corazón me dice que ese día no es hoy.
jueves, septiembre 14, 2006
Consecuencias éticas del dilema del prisionero
La conclusión principal del dilema es que en un sistema iterativo la mejor opción es la cooperación pero en un mundo en el que todos tiendan a cooperar surgirán sujetos que aprovecharán esta tendencia, o al menos intentarán aprovecharla, en su propio beneficio.
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lunes, septiembre 11, 2006
El dilema del prisionero
El dilema del prisionero es un problema de la teoría de juegos, una disciplina entre la economía y la matemática. Fue formalizado y analizado por primera vez por A. W. Tucker en 1950. La enunciación más común de este problema es la siguiente:
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martes, septiembre 05, 2006
Reflexiones éticas sobre la copia privada ( y ii)
El trabajador (autor en este caso) tiene derecho a un lucro legítimo y medido por su trabajo. Para comprender qué significa y los alcances de este derecho debemos definir lo que significa lucro legítimo y lucro medido.
Entendemos por derecho de un trabajador al lucro medido por su trabajo al derecho que tiene todo trabajador a recibir una remuneración por su trabajo; esta remuneración para ser medida debe tener dos rasgos: la remuneración es cesante y proporcional.
Para entender qué es una remuneración cesante utilizaremos dos ejemplos: si un albañil construye una acera tiene derecho a recibir un salario sobre ese trabajo realizado; sin embargo no tiene derecho a solicitar un canon a los peatones que pisan la acera que construyó. En otras palabras el derecho al lucro ha cesado cuando el trabajo ha sido remunerado.
El segundo ejemplo es similar: una ferretería vende una pala, en ese momento cesa el derecho al lucro de la ferretería. Si el comprador de la pala encuentra un tesoro con ella ¿debe pagar un canon al ferretero o al fabricante de la pala? Es absurdo, se entiende que el derecho al lucro del fabricante cesó al vendérsela a la ferretería y el del ferretero al vendérselo al buscador de tesoros.
Paso ahora a explicar lo que quiero entender con que el lucro debe ser proporcional. Este concepto, he de confesar, que se me antoja más débil para fundamentar la argumentación ya que parte de supuestos de carácter políticos y económicos antes que de supuestos éticos. La idea que sustenta el concepto de lucro proporcional es que el derecho al lucro se encuentra dentro de ciertos límites racionales que son proporcionales a una distribución equitativa de la riqueza. EN definitiva: admito que un arquitecto deba cobrar más que un peón pongamos en una proporción de 1/7 en favor del arquitecto pero me parece absurdo que la proporción sea, por ejemplo, de 1/200. El concepto de lucro proporcional es lo contrario a la idea de lucro desmedido. Considero que es difícil determinar los límites de este lucro proporcional pero cuando un autor recauda fondos para, por ejemplo, su segunda casa en Miami o su jett privado estamos, claramente traspasando los límites del lucro proporcional y llegando al lucro desmedido.
He explicado lo que entiendo por lucro medido paso ahora ha explicar que comprendo por lucro legítimo. Lucro legítimo es aquel lucro que se hace legitimamente sin perjudicar los derechos propios de todo individuo. La mafia se lucra y se lucra por su trabajo pero no es un lucro legítimo en el momento en el que ese lucro se realiza en contra de los derechos de los ciudadanos “protegidos” por ella. Las practicas monopolistas sobre productos básicos son, igualmente, ejemplo de lucro ilegítimo ya que no permiten al consumidor elegir el producto ni el precio de compra (la especulación inmobiliaria es lógicamente un claro ejemplo de este lucro ilegítimo).
Tras estas definiciones cabe preguntarse ¿vulnera la copia privada el derecho del autor al lucro medido y legítimo? No. Primero porque el lucro es cesante: el autor vende un producto y el comprador es beneficiario de ese producto; un ferretero no cobra un canon al que ha comprado un martillo cada vez que lo usa. Segundo porque el lucro no cesante que se pretende obtener con la prohibición de la copia privada es un lucro desmedido encaminado a satisfacer vicios farloperos u otros lujos superfluos. En tercer lugar porque el lucro que se pretende obtener del canon o de la prohibición de la copia privada es un lucro ilegítimo que es impuesto por tácticas monopolistas sobre las que el usuario no tiene defensa alguna.
Conclusión: el autor tiene una serie de derechos sobre su trabajo (CDs, conciertos, merchandising etc.) que no son violados por la copia privada. Por contra, el canon y la prohibición de la distribución libre de información pretende convertir esos derechos legítimos del autor al lucro en derechos no cesantes, desproporcionados y monopolistas.
El trabajador tiene derecho a enajenar su trabajo y permitir que otros se lucren con él. Cuando el trabajador-autor decide enajenar su trabajo para que una banda de distribuidores, publicistas, representantes etc. se lucren con ese trabajo que le pertenece y establecer así toda una casta de intermediarios entre él y su público debe considerar dos cosas.
En primer lugar, debe renunciar a una parte del lucro que se derive de su trabajo para que los intermediarios puedan lucrarse, a su vez, con esos beneficios a los que él renuncia. Otra opción es encarecer el producto final para que los intermediarios puedan lucrarse con el encarecimiento del producto.
En segundo lugar, el autor debe considerar que él es el trabajador, el creador, el generador de riqueza y que le corresponde un lucro mayor en su trabajo que el que le corresponde a los intermediarios.
Pero ¿qué ocurre realmente? Lo que ocurre es que el artista decide enajenar su trabajo pero no renuncia a parte de sus beneficios; los intermediarios tampoco, por lo tanto el producto se encarece por la actitud avariciosa del autor y los intermediarios. Por esta razón los consumidores se ven obligados a pagar precios abusivos y que sólo son sostenibles dentro de un mercado monopolista.
Conclusión: la copia privada no viola el derecho del autor a enajenar su trabajo para que los intermediarios se lucren. La copia privada intenta romper el cerco de avaricia lucrativa del autor y los intermediarios. El deseo de lucro desmedido y la necesidad de un aparato publicistico para promocionar productos mediocres es lo que hace que los precios se tornen abusivos. La copia privada es una lucha contra ese abuso.
Los distribuidores, representantes y otros elementos anexos al trabajador tienen derecho al lucro por su trabajo. Ya analizamos esto en el punto anterior. La copia privada no se opone a este derecho pero, sí se opone a este derecho cuando se impone de forma abusiva. El lucro de los intermediarios debe ser menor que el del autor y no debe ser desmedido para no ser gravoso al consumidor.
El consumidor tiene derecho al disfrute y beneficio de los productos que adquiere siempre que este disfrute y beneficio no entren en conflicto con el derecho al lucro del autor. En otras palabras: la copia privada es un disfrute o beneficio del producto adquirido. El propietario de un CD, al igual que el propietario de un cortacésped, tiene el derecho a prestar a terceros su producto siempre que no se obtenga un lucro económico que se realizaría en menoscabo del derecho al lucro económico del autor. Si admitimos que la copia privada o la distribución libre de información es inmoral debemos, análogamente, admitir que es inmoral prestarle el cortacésped al vecino ¡¡ que se compre uno!! ¿es que no pensáis en los fabricantes de cortacésped y en sus familias, en los distribuidores de cortacésped o el la industria del metal?
En definitiva si considerásemos inmoral la copia privada y la distribución libre de información deberíamos cerrar las bibliotecas, las universidades, los institutos, las escuelas ya que ¿qué se hace ahí sino distribuir información y conocimientos de terceros sin remunerarles? ¿Cual es el canon que tiene que pagar un profesor de Filosofía a los herederos de Platón por explicar el mito de la caverna?
viernes, septiembre 01, 2006
Reflexiones éticas sobre la copia privada ( i )
Creo que es necesaria esta pregunta y este post por varias razones. La razón principal es que cuando se argumenta a favor o en contra de la copia privada estos argumentos rara vez se sitúan en el ámbito de la reflexión ética sino más bien entran en debates sobre las consecuencias pragmáticas de esta práctica. Por ejemplo, decir que la copia privada ahorra dinero al que copia no es un argumento de idoneidad ético sino de idoneidad económica. Por esta razón comenzaremos nuestro trabajo mostrando los argumentos que erróneamente se quieren hacer pasar por argumentos éticos cuando se critica el derecho a la copia privada.
Primer argumento: La copia privada es inmoral porque es ilegal. Este primer argumento hace uso de la conocidísima falacia naturalista y es planteable sólo desde un trasnochado positivismo moral (que identifica moral con legalidad). La falacia naturalista es aquella que sostiene que si algo es de tal manera está bien que sea de tal manera. Lo legal es lo bueno. Esta falacia es usada en algunos contextos con cierta sutileza pero en la crítica al derecho a la copia privada pierde cualquier sutileza y basta un rápido análisis para darse cuenta de su carácter superficial. Decir que la copia privada es inmoral porque lo prohíbe la ley es tan razonable como decir que es moral apedrear a las adúlteras porque existen países que recogen esta ley en su código penal. Que los derechos de los ciudadanos se restrinjan legalmente no es sinónimo de que esa restricción sea moralmente correcta. La historia esta desgraciadamente llena de leyes manifiestamente inmorales.
Segundo argumento: La copia privada es inmoral ya que merma económicamente a los autores y a los elementos adyacente. Si el primer argumento contra el derecho a la copia privada era falaz este ni siquiera es un argumento válido en el contexto de la ética. Decir que la copia privada es inmoral porque supone un menoscabo económico a los autores, distribuidores, empresarios etc. es como prohibir la imprenta porque le quita el trabajo a los monjes que copian los libros a mano. O como prohibir el agua corriente porque perjudica al aguador. Es, sencillamente, desde el punto de vista ético un argumento idiota.
Por otro lado el menoscabo económico que se le hace a los que ostentan el monopolio de los derechos de autor tiene su compensación en los beneficios económicos que produce la copia privada a otros elementos de la economía: vendedores de productos informáticos como CDs u ordenadores, instaladores de redes de Internet, programadores etc. Sin tener en cuenta el beneficio no lucrativo al copiador.
No obstante, de este argumento erróneo podemos sacar una conclusión positiva que analizaremos en el próximo post: el autor de un producto tiene derecho a lucrarse de modo legítimo y medido por su producto. Esto es, a mi entender, incontestable pero no se sigue de ello que la copia privada vulnere este derecho que tiene el autor. Sobre ese particular, repito trataré en el próximo artículo; en este me limitaré a recalcar que el hecho de que una acción produzca menoscabo económico a un individuo o entidad no convierte necesariamente este acto en inmoral sino que es preciso para calificar a esa acción de inmoral que ese acto esté violando algún derecho legítimo de los perjudicados económicamente. La imprenta perjudicó a los monjes copistas pero ¿estos monjes tenían el derecho de monopolio sobre la producción de libros? ¿y el aguador lo tenía sobre la distribución del agua?
Si admitimos que la copia privada supone menoscabo económico para los autores debemos dirimir si ese menoscabo se produce contra algún derecho legítimo, en concreto contra el derecho que posee el autor a lucrarse legitima y medidamente por su producto. Hasta que no hayamos resuelto esta cuestión no habremos realizado un diagnostico ético de la cuestión.
Tercer argumento: La merma económica a los autores que produce la copia privada impide que otros autores surjan y se den a conocer luego, la copia privada es inmoral. Lo erróneo de esta posición ya quedó clara en la exposición anterior: las consecuencias de la copia privada sólo son evaluables éticamente si se producen tras la violación de un derecho adquirido. Todo individuo tiene derecho a vivir de su trabajo, un individuo cuyo trabajo es la música o la dirección cinematográfica tiene, indudablemente, derecho a vivir gracias a ese trabajo; ahora bien, yo también tengo derecho a ganarme la vida como electricista, si así lo deseo, pero sino se poner ni una bombilla, lógicamente, no podré realizar ese trabajo. Pongo este ejemplo para mostrar que aunque todo músico tiene derecho a ganarse la vida haciendo música, el público no tiene el deber de asistir a sus conciertos. Conclusión: el músico con talento tiene derecho a vivir de su trabajo.
La distribución libre de información ha sido, precisamente, lo que ha permitido que artistas realmente talentosos pudiesen salir a la luz frente a una industria discográfica y de distribución tristemente monopolista. La copia privada ha permitido y permite la distribución y la publicidad de grupos de músicos o creadores cinematográficos que no tienen cabida en un mercado controlado por empresas multinacionales. Por lo tanto, decir que la copia privada ataca el derecho de un creador de dar a conocer su trabajo es falso y que sólo consuela a los artistas mediocres, hijos de algún “grande de la canción”, que sin la ayuda de un aparato publicitario multimillonario no podrían ocultar la vaciedad de su trabajo. Los creadores talentosos han encontrado en la copia libre un medio de expresión; los post-triunfitos la evidencia de su mediocridad.
En definitiva: en ningún caso la copia libre vulnera el derecho de un artista de dar a conocer su trabajo; por contra, evita en muchísimas ocasiones que el artista se vea obligado a depender de multimillonarias inversiones de promoción para hacer pública su obra.
Estos son los tres argumentos con los que se oponen a la distribución libre de información y cultura intentan mostrar el carácter inmoral de la copia privada. He mostrado que esos argumentos son falsos. En el próximo post mostraré que la copia privada es un derecho éticamente establecido que no vulnera el derecho de todo artista de tener un lucro legítimo y medido por su trabajo.

