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miércoles, septiembre 17, 2008

La calidad de la educación

Vía menéame leo este interesante artículo que se pregunta sobre las causas del fracaso del actual sistema educativo. Bueno, cuando hablemos de fracaso debemos de entender que nos referimos, en concreto, a las bajas calificaciones que obtiene España en el informe PISA; informe que, por cierto, algunas comunidades no realizan vaya usted a saber por qué.
Es grato comprobar que lo que ya expresé en otra ocasión se vea confirmado por personas ajenas al sistema educativo: una parte importante de responsabilidad recae sobre los docentes. Y eso es bueno, es bueno porque si los docentes somos parte del problema también somos parte de la solución y aunque sé que es más fácil ir llorando por las salas de profesores y las cantinas de los institutos quejándonos de que los alumnos no tienen nivel, de que los padres no educan a sus hijos, de que la legislación educativa es mala o de que esto en mis tiempos no pasaba; aunque, repito, reconozco que esto es más fácil también se me reconocerá que es más esperanzador pensar que con trabajo y voluntad podemos aprender a ser mejores profesores y así enseñar conocimientos útiles a nuestros alumnos. Pensar esto último, ahora tengo ya que reconocerlo, es más esperanzador pero más difícil... implica trabajo y autocrítica nada más y nada menos.
Que uno de los problemas de la educacion es el profesorado ya no hay nadie que lo dude ahora yo pregunto ¿y que podemos hacer con el cuerpo de docentes de segundaria? ¿qué podemos hacer para las 30 horas semanales que pasan los alumnos en el instituto sean provechosas? si nos preocupa tanto el "nivel" de nuestros alumnos ¿qué podemos hacer para subir el "nivel" de los docentes y el "nivel" de sus clases no tan magistrales? Dejo la pregunta abierta, me gustaría tener las respuestas claras pero no es así.

Sé feliz

jueves, mayo 08, 2008

La autoridad y LA AUTORIDAD!!!

Es un tema recurrente cuando se habla de educación constatar el hecho de que las antiguas figuras de autoridad han perdido esa autoridad que reclamaban para sí. El debate de como administrar o ejercer la autoridad en el aula es constante y casi normal que el profesorado solicite mayor autoridad, mayor reforzamiento de su poder sobre los alumnos.

Cansado de escuchar este tipo de diatribas me he llegado a preguntar de qué hablamos cuando hablamos de autoridad, ¿es la autoridad un fruto silvestre que podemos encontrar en el campo o una planta frágil que precisa de una siembra cuidadosa y de un cuidado continuo? ¿Qué hace ese profesorado que espera que le devuelvan la autoridad además de mirar al cielo esperando la llegada de la autoridad perdida? Hay una autoridad que nace del miedo, otra que nace del amor y otra que nace del conocimiento ¿por qué me da la impresión que aquellos que lloran en las cantinas o en los claustros la autoridad perdida sólo hablan de la autoridad del palo y tentetieso, la autoridad del temor, la autoridad del “¡señor, sí señor!”? Para ejercer esta autoridad tan deseada sólo se necesita gritar más fuerte, golpear más duro y nunca equivocarse mientras, que para ejercer la autoridad del amor y del saber se necesita tiempo, atención y sobre todo admitir que a veces nos equivocamos.

Todo lo anterior sólo era una escusa para dejar un texto de Fromm sobre lo que es y lo que no es la autoridad, ahí va:


“La autoridad se refiere a una relación interpersonal en la que una persona se considera superior a otra. Pero existe una diferencia fundamental entre el tipo de relación de superioridad-inferioridad, que puede denominarse autoridad racional, y la que puede describirse como autoridad inhibitoria.

Mostraré con un ejemplo lo que quiero decir. La relación entre maestro y discípulo y la que existe entre amo y esclavo se fundan ambas en la superioridad del uno sobre el otro. Los intereses del maestro y los del discípulo se hallan orientados en la misma dirección. El maestro se siente satisfecho si logra hacer adelantar a su discípulo; y, si no lo consigue, el fracaso será imputable a ambos. El amo de esclavos, por el contrario, explota a éstos lo más posible, y cuanto más logra sacarles, tanto más se siente satisfecho. Al mismo tiempo el esclavo trata de defender lo mejor que puede su derecho a un mínimum de felicidad. Sus intereses son así decididamente antagónicos, puesto que lo que es ventajoso para uno constituye un daño para el otro. En ambos casos la superioridad tiene una función distinta: en el primero representa la condición necesaria para ayudar a la persona sometida a la autoridad; en el segundo no es más que la condición de su explotación.

También la dinámica de la autoridad, en estos dos tipos, es diferente: cuanto más logra aprender el estudiante, tanto menor será la distancia entre él y su maestro. El primero se va pareciendo cada vez más al segundo. En otras palabras, la relación de autoridad tiende a disolverse. Pero cuando la superioridad tiene por función ser base de la explotación, la distancia entre las dos personas se hace con el tiempo cada vez mayor.

La situación psicológica es distinta en cada una de estas relaciones de autoridad. En la primera prevalecen elementos de amor, admiración o gratitud. La autoridad representa a la vez un ejemplo con el que desea uno identificarse parcial o totalmente. En la segunda se originarán sentimientos de hostilidad y resentimiento en contra del explotador, al cual uno se siente subordinado en perjuicio de los propios intereses. Pero a menudo, como en el caso del esclavo, el odio de éste sólo podrá conducirlo a conflictos que le producirán cada vez mayores sufrimientos, sin perspectiva alguna de salir vencedor. Por eso, en general, existe la tendencia a reprimir el sentimiento de odio y a veces hasta a reemplazarlo por el de ciega admiración. Este hecho tiene dos funciones: 1) eliminar el sentimiento de odio, doloroso y lleno de peligros; 2) aliviar la humillación. Si la persona que manda es maravillosa y perfecta, entonces no tengo por qué avergonzarme de obedecerla. No puedo ser su igual porque ella es mucho más fuerte, más sabia y mejor que yo. La consecuencia de la autoridad de tipo inhibitorio está en que el sentimiento de odio o el de sobreestimación tenderán a aumentar. En el tipo racional de autoridad, en cambio, tenderán a disminuir en la medida en que la persona sujeta se haga más fuerte y, por lo tanto, se asemeje más al que ejerza la autoridad.

La diferencia entre la autoridad racional y la inhibitoria es tan sólo de carácter relativo. Hasta en la relación entre esclavo y amo existen elementos ventajosos para el esclavo. Este obtiene el mínimo de alimentos y de protección que, por lo menos, lo capacita para trabajar en beneficio del amo. Por otra parte, la ausencia completa de antagonismo entre discípulo y maestro sólo puede hallarse en una relación ideal. Hay muchas gradaciones entre estos dos casos extremos, tal como ocurre, por ejemplo, en la relación entre el obrero industrial y el capataz, o el hijo del campesino y su padre, o el ama de casa y su marido. Sin embargo, aun cuando de hecho los dos tipos de autoridad se hallen mezclados, siempre subsiste una diferencia esencial entre ellos, y el análisis de una concreta relación de autoridad debería revelar en todos los casos la importancia respectiva que le corresponde a cada uno de los dos.”

E. Fromm; El miedo a la libertad; Paidós Contextos 2006 pp. 176-178

viernes, febrero 22, 2008

Educación, profesores e irresponsabilidad


[pincha en la foto si no la ves]

Hoy he tenido por fin la suerte de leer un artículo juicioso sobre las causas del bajo nivel educativo de los chicos españoles (link); desde hacía mucho tiempo no había leído algo tan lúcido sobre la educación.


El informe PISA muestra, partamos de esto, ciertas carencias profundas de conocimientos en los alumnos españoles ¿quién es el responsable? Obviamente los profesores en gran medida. Admito que existen alumnos asilvestrados pero quien diga que son la mayoría o mienten o prefieren vivir en el plácido mundo de la irresponsabilidad; admito que existen padres irresponsables, despreocupados e incluso agresivos pero si un profesor dice que son la mayoría miente o se engaña para no asumir el deber que le corresponde.


Todos conocemos de nuestra etapa de estudiantes profesores irresponsables, alcohólicos, salidos, poco profesionales o bordes pero ¿fueron la mayoría? Afortunadamente no pero, entonces, ¿porqué hacemos esa generalización con los alumnos y padres? Para no asumir la parte que nos corresponde como educadores, para echar balones fuera, para hacer cuentas de cuanto queda para nuestra jubilación sin que nos importe un bledo que el nivel educativo sea pésimo. Pero si el nivel educativo es tan bajo repito ¿de quién es la responsabilidad? ¿de los TeleTubbies, el señor Sistema, de mi vecino del quinto? ¿no serán de aquellas personas que reciben un sueldo como profesores, como educadores? No sé, lo lanzo sólo como hipótesis.


Claro, claro que los padres tienen responsabilidad, claro que hay padres imbéciles, tantos quizás como profesores estúpidos menos, seguro, que profesores indolentes, pero no son legión. Digan lo que digan los rancios de ayer y hoy (link), no son legión, ni siquiera mayoría. Afortunadamente.


Un mentecato hace más ruido que cien sensatos; por favor no tengamos sólo oídos para la estupidez, no tengamos ojos sólo para buscar escusas. Cumplamos con nuestro deber que es uno de los más nobles que se le puede encomendar a un hombre: luchar por el triunfo de la inteligencia sobre la barbarie, luchar por la victoria de la libertad sobre la ignorancia. El aula es la trinchera. Absténganse cobardes.


Salud

Fuentes: [menéame 1] (recomiendo la lectura del debate en la noticia)

[menéame 2] (misma recomendación)


domingo, septiembre 09, 2007

Como funciona la educación II

Txema Tools ha tenido el detalle de mandarme la viñeta de Peter Kuper que acompaña este post. La imagen refleja de otra manera la misma idea que esta otra viñeta de Jodorosky que publiqué hace tiempo.

El maltrato físico o el abuso sexual sobre la infancia es algo que creo que aterra a cualquiera pero también deberíamos de ser sensibles y luchar contra ese otro maltrato de la imaginación y abuso de la autoridad sobre el niño que parecen ser las piedras angulares de los programas educativos de los Estados.

Otra educación es posible, no digo fácil... digo posible.

Sé feliz


(haz clic en la viñeta para ampliar)

jueves, mayo 17, 2007

Entrevista a Rene Scherer: hacia el apasionamiento y la alegría

El otro día de pura casualidad me encontré en el trabajo esta entrevista a René Schérer, filósofo francés, en las que el entrevistado aportaba algunas opiniones sobre la educación muy valiosas a mi juicio.

La huida hacia adelante es ya cansina en el ámbito de la educación, muy cansina. El palo, la autoridad o la disciplina es el refugio de la mediocridad pero antes de refugiarse en eso quizás convendría que nos enfrentásemos a nuestras frustraciones y demonios. Cuando sale en los medios que en el cuerpo docente se producen continuas bajas por depresión, más que en cualquier otro trabajo me hace preguntarme ¿qué educación estamos dando a nuestros jóvenes? ¿Hay mayor enseñanza que la de aprender a reir? Pienso esto y tengo miedo pero pronto se me pasa; mil tiranos y un millón de mentiras han pretendido borrar nuestras sonrisas; nunca lo consiguieron y no creo que lo consigan ahora.

Scherer en esta entrevista dice algo que debería encabezar el frontispicio de muchos centros de enseñanzas o de salas de profesores:

"En vez de ir a un concepto de la educación como reconstrucción de lo autoritario, hay que ir en dirección contraria: hacia el apasionamiento y la alegría"

Apostemos por ello.



(haz clic en la imagen para agrandarla)

Sé feliz

Post relacionado: Cómo funciona la educación

lunes, mayo 07, 2007

Como funciona la educación I


Leyendo el comic "Fábulas pánicas" de Alejandro Jodorowsky (que no es santo de mi devoción ciertamente) encontré la siguiente viñeta que da que pensar sobre el funcionamiento del sistema educativo. Haz clic en la imagen para ampliarla.

miércoles, enero 31, 2007

La importancia de la lectura




“Si no enseñamos a nuestros hijos a leer ¿cómo sabrán qué hay en la tele?”

Peter Lowenbrau Griffin en Padre de familia cap. 1x09



Sí, la frase es divertida pero a veces creo que hay muchos más educadores que la suscriben de los que nos imaginamos...

En fin ¡Salud!

P.D Deberíamos imaginar ninguno... claro ;?



martes, junio 27, 2006

La educación académica: un dios de hojalata (y iii)

En los dos post anteriores critiqué a la educación académica y mostré sus profundas deficiencias. La educación, junto con la televisión, ha ocupado el papel del sermón dominical o de la propaganda del poder como medio de inculcar ideología. Hoy por hoy nadie se atreve a hablar mal de la educación, ningún político que pretenda tener posibilidades en sus ambiciones puede denostar y minusvalorar la educación. La educación es un tótem respetado tanto por el discurso progresista como por el discurso derechista. Siempre he sospechado de los tótem.

He hablado en ocasión de la escuela Summerhill y su creador A. S. Neill. Pero ¿qué es Summerhill? Summerhill es una escuela inglesa fundada en 1921 por Alexander Sutherland Neill. Es una de las pioneras dentro del movimiento de las Escuelas democráticas. Atiende a niños de educación primaria y secundaria. Actualmente la directora es la hija de A.S. Neill, Zoe Readhead.

Summerhill se destaca por defender que los niños aprenden mejor libres de los instrumentos de coerción y represión usados por la mayoría de las escuelas. Todas sus aulas son opcionales, los alumnos pueden escoger las que desean frecuentar y las que no desean. Neill fundó la escuela con el convencimiento de que "un niño debe vivir su propia vida - no una vida que sus padres quieran que viva, no una vida decidida por un educador que supone saber lo que es mejor para el niño".

En 1917 Neill conoce Little Commonwealth, una escuela-reformatorio dirigida por Homer Lane, psicoanalista estadounidense. Lo que más le llama la atención fue que los propios jóvenes internos, presos por cometer delitos, gestionaban el espacio. Otro psicoanalista que tuvo fuerte influencia sobre Summerhill fue Wilhelm Reich, amigo personal y también analista suyo. Se nota la presencia de sus ideas en especial en la defensa de una educación colectiva en sustitución de la educación burguesa y estratificada.

Reich elaboró algunos escritos sobre educación, donde discute cuáles serían las formas de educar adecuadas y no adecuadas, teniendo en cuenta la felicidad de las personas. Para él, una educación que frustre o que satisfaga excesivamente está abocada al fracaso. Frustrar en exceso significa educar una persona apocada, conformista, incapaz de satisfacer sus propias voluntades, por otro lado satisfacer de más significa crear una persona inadaptada incapaz de convivir socialmente.

La educación tradicional defiende y estimula la represión de los instintos y de las voluntades de la infancia. Neill piensa, influido por el psicoanálisis que esta represión es la responsable de muchas de las neurosis que se manifiestan en la persona, tanto en la niñez como en la vida adulta.

Neill establece que la principal meta de una escuela debe ser auxiliar a sus alumnos para que estos sean capaces de encontrar la felicidad propia y es por eso que propone un modelo muy diferente al de las escuelas tradicionales, que según él sólo consiguen promover una atmósfera de miedo. Para que una persona sea feliz necesita primero ser libre para escoger su propio camino. Es por eso que renuncia a cualquier tipo de autoridad moral o jerárquica.

En Summerhill, ningún adulto tiene más derechos que un niño, todos tienen los mismos derechos. Todos deben ser libres, entendiendo la libertad como una construcción colectiva. La libertad no acaba cuando comienza la del otro, como defendían los ilustrados, la libertad precisa que todos sean libres para ser posible.

La pedagogía tradicional supone que los niños tienen una tendencia natural al egoísmo, siendo necesaria una interferencia autoritaria por parte de la familia y la escuela, para desarrollar el altruísmo. Summerhill parte del mismo supuesto pero no llega a las mismas consecuencias: el niño es egoísta pero ese egoísmo no es malo en sí mismo. El egoísmo infantil es una etapa del desarrollo del niño (tesis acorde con las investigaciones del psicólogo suizo Jean Piaget) que si se desarrolla naturalmente desemboca en el altruismo; existe un momento en donde el niño necesita de los demás y entonces su propio egoísmo le abre a la comunidad. Inculcar a los niños principios altruistas antes de que sean capaces de asimilarlos sólo produce individuos miedosos e hipócritas. O sea, la educación tradicional yerra en esa interferencia autoritaria, sin percibir que es justamente ese tipo de interferencia la que alimenta aquello que identifica como problema. Según Neill es solamente a través del miedo como se puede intentar forzar el interés de alguien.

En esa escuela todas las reglas de convivencia y soluciones a los problemas que surgen en el día a día son resueltas en una asamblea que ocurre semanalmente, donde cada persona sea alumno, profesor o funcionario, tiene derecho a hablar y votar, manteniéndose el principio de que todos los votos valen lo mismo. Las normas de la escuela son construidas entre todos, todos se sienten parte del colectivo y se empeñan en mejorarlo. Un buen ejemplo de eso son los castigos defendidos por la Asamblea. En una ocasión, un niño, que no tenía dinero para tener su propia bicicleta, cogió una de otro niño para dar una vuelta y acabó estrellándola. El castigo fue que todos los miembros de la escuela hiciesen una colecta para comprar una bicicleta nueva y para comprar otra al niño que la había cogido por no tener dinero. No existe sentimiento de odio vinculado al castigo.

Las mañanas se utilizan para las clases y por la tarde los niños son libres para realizar actividades diversas que eligen ellos mismos. A pesar de que los alumnos no son forzados a participar en las clases, un grupo puede expulsar de un aula a un alumno absentista por ralentizar el desarrollo de los trabajos.

Para más información puedes visitar la página de la escuela Summerhill.

Llegados a este punto el lector se preguntará ¿pero Summerhill funciona? A esto Neill responde primero indicando la necesidad de definir el concepto de “resultados académicos”. Una pregunta que se hace en una de sus obras sobre la pedagogía libre es ¿qué es preferible un ingeniero neurótico o un carpintero feliz? En la mentalidad de Summerhill la idea de que el trabajo manual es igual de digno que el trabajo académico no es un eslogan condescendiente sino una realidad que se lleva a la práctica. En España el menosprecio que existe a la “Formación Profesional” (es decir a prepararse para una profesión como tornero, ganadero, panadero...) es claro ejemplo de que el citado eslogan es sólo eso: buenas intenciones. En Summerhill lo importante no son los contenidos académicos sino el pleno desarrollo de las potencialidades del alumnado.

No obstante, aquellos alumnos que tras su estancia en Summerhill decidieron continuar una formación superior tuvieron la posibilidad de hacerlo sin dificultad, y en la mayoría de los casos con verdadero éxito. Esto muestra que la libertad no está en contradicción con el conocimiento sino que lo potencia y lo estimula. Mirad a un niño pequeño, es un manojo de curiosidad y deseo de explorar el mundo... mirad ahora a los adolescentes que acaban la formación secundaria obligatoria ¿cómo hemos conseguido matar de manera tan radical el más mínimo destello de amor al saber? ¿cómo?

En definitiva en estos tres post he querido mostrar dos cosas: los perniciosos efectos antivida de la educación académica y las otras posibilidades de educación. Otra educación es posible, con ella no formaremos a carne de cañón que vaya a Irak o Vietnam a matar inocentes; no formaremos dóciles votantes ni fieles contribuyentes; formaremos hombres. Quizás sea esta la razón por la que esta otra educación posible no llegue nunca a ser más que un sueño para la mayoría.

Sé feliz
P.S. La parte del post en la que se describe la experiencia de Summerhill lo he extraído de la Wikipedia.

viernes, junio 23, 2006

La educación académica: un dios de hojalata (ii)

La acusación básica que hace A. S. Neill a la educación académica es que es antivida. Ser antivida significa mantener una posición de rechazo o incluso de odio hacia la vitalidad, la energía espontánea que nos impulsa a crear, soñar, reír y, en definitiva, autorealizarnos. La actitud antivida en ocasiones se manifiesta con odio o rechazo pero también con la cautela o frigidez hacia los placeres de la vida. En este post voy a analizar como esta actitud antivital está presente estructuralmente en el sistema de formación académica.

Esta actitud de rechazo a la vida es la que ha convertido el conocimiento en algo gris y muerto; es la actitud que prioriza la subordinación y la disciplina formal sobre el amor al saber. Este afán antivital es el que ha conseguido que sea progresista alargar la educación obligatoria (no imagino dos conceptos más contradictorios) hasta edades cada vez más elevadas. Pero pasemos al análisis de la presencia de la antivida en la enseñanza.

A nuestro entender la actitud antivital es algo que, desgraciadamente, no sólo está presente en la educación sino también en la cotidianidad de nuestra vida social. De todos modos aquí nos vamos a centrar en el daño que la antivitalidad hace a los niños y a los adolescentes que se educan bajo los dictados de el sistema de “formación del espíritu democrático” en las actuales democracias burguesas. Esta antivitalidad se muestra principalmente como:

· Odio a la risa.
· Odio al amor.
· Odio a la curiosidad.
· Odio al odio.
· Odio a la libertad.

El odio a la risa: ¿porqué molesta tanto al profesor que nos riamos en clase? Cualquiera puede racionalizar este odio de la siguiente manera: “la risa interrumpe la clase, no deja que se desarrolle el curriculum de la asignatura y perjudica el progreso académico”. No podríamos estar más de acuerdo. La risa, la charla, las bromas y el ruido en general se pueden convertir en un elemento disruptivo de la convivencia; evitar esa disrupción es el deber del docente. Si el alumno ríe, habla o juega en clase lo hace por que no le interesa la clase y de esto es responsable prioritariamente el sistema educativo obligacional y secundariamente el docente.

Pero no hablamos de la risa disruptiva sino de la risa natural que puede surgir por algún comentario puntual entre los alumnos, un error del profesor, hechos externos al aula (gritos bromistas de otros alumnos fuera del aula por ejemplo) etc. No admitir la posibilidad de interrupción de la enseñanza por un hecho así es claramente antivida. La idea estúpida de que el alumno que ríe continuamente es un imbécil o un provocador es claramente antivida.

En muchas ocasiones esas risas las provoca involuntariamente el mismo profesor como dijimos: un error, un tropiezo en la tarima, una mancha de tiza en la cara etc. Algunos justificarán aquí la ira antivital del profesor ya que se ríen “de él” y no “con él” pero a mi esa justificación se me antoja bastante hipócrita. ¡Qué ego tan débil y mezquino aquel que no es capaz de reírse de uno mismo! A grandes sectores de la docencia se les llena la boca con el concepto de “dignidad profesional del profesorado” cuando esa “dignidad” es una construcción defensiva de un ego indigno: es la soberbia y no la “dignidad profesional” lo que se defiende.

No me importa que alguien se ría de mi, de mi trabajo, de mis errores y de mis defectos morales; si alguien ríe rió con él. Así vivo y quien me conoce sabe que su risa nunca será una agresión para mi sino una invitación a la vida.

El odio al amor: este odio al amor se muestra menos en el aula pero se refleja continuamente en la tipología del adolescente que nos muestran los órganos de propaganda democráticos. El adolescente y preadolescente ama con intensidad, en ocasiones de un modo desinteresado (platónicamente) pero para los paladines de la antivida, ese amor es inmaduro; esa inmadurez es lo que hace al amor adolescente tan intenso, tan puro, tan ingenuo... No puede haber mejor y más repugnante ejemplo de lo que es la antivida que esta mentalidad.

Quien a perdido la capacidad de amar por cobardía o soberbia es incapaz de entender la capacidad de amor pura que tiene el adolescente, el joven y el hombre libre en general. Para la persona “madura” el amor es siempre sensato y razonable. Para “los mayores” la intensidad en el amor es directamente proporcional a la inmadurez de los amantes. Pero yo sospecho que tras estos juicios y estas risas de superioridad se ocultan la amargura y el autoengaño. Como dijo la zorra que no podía alcanzar las uvas “¡ No las quiero, están verdes!”.

Este odio al amor se manifestó durante siglos en la división de sexo en los centros de enseñanza y hoy se manifiesta tras el desprecio de la falsa condescendencia. Derivado de este odio al amor es el odio al sexo pero, analizando este camino llegaríamos más allá de las intenciones de este post.

El odio a la curiosidad: la enseñanza debe potenciar y alimentar la curiosidad, irónicamente, en muchas ocasiones el alumno que pregunta al profesor es un pesado, un pedante, intenta lucirse ante la clase o poner en evidencia al docente. Este odio a la curiosidad o, al menos, cautela ante ella, es otro ejemplo de la antivida que impregna la educación académica.

El buen alumno es el alumno callado o el alumno que da siempre la razón al profesor. La duda ante los conocimientos del profesor es visto como desafío, no como afán de buscar la verdad. La curiosidad debe centrarse en los márgenes establecidos, dejarla volar es divagar o elucubrar. Si pensamos el daño que puede hacer este odio a la curiosidad en los centros de educación superior de las universidades descubriremos como el mayor científico del siglo XX en vez de trabajar en una universidad como profesor trabajada en la modesta oficina de patentes de Suiza.

“Tras graduarse (siendo el único de su promoción que no consiguió el grado de maestro) Einstein no pudo encontrar un trabajo en la Universidad, aparentemente, por la irritación que causaba entre sus profesores. El padre de un compañero de clase le ayudó a encontrar un trabajo en la Oficina de Patentes Suiza en 1902. Su personalidad le causó también problemas con el director de la Oficina quien le enseñó a expresarse correctamente” (obtenido del artículo Albert Einstein de la Wikipedia)

El odio al odio: ¿qué sentimientos tendrías hacia un amigo si cada vez que quedaseis puntuase la cita del 0 al 10? Principalmente odio. Esto es algo inasumible para muchos docentes, el profesor es una figura de autoridad y ante la autoridad caben tres posiciones fundamentales: enfrentamiento, sumisión y coexistencia. ¿Qué actitud adopta un profesor ante un policía que le para por conducir demasiado rápido? ¿Dirá algo así como “tiene usted toda la razón agente múlteme que es lo que me merezco por infractor”? Yo creo que no pero, además, si lo dijese qué mostraría sino un espíritu dócil y domesticado.

Queremos alumnos castrados ante la autoridad cuando la actitud saludable ante ella es el enfrentamiento y el odio. Este odio no implica violencia pero sí puntual distanciamiento. El maestro quiere ser un dios inapelable ante sus alumnos pero el hombre libre sabe que la libertad sólo puede forjarse desde el enfrentamiento a la autoridad.

No hago apología del odio al profesor ni mucho menos; digo simplemente que el profesor debe ser consciente que representa para el alumno al padre, al jefe, al general o al policía; el profesor es una figura de autoridad y por lo tanto es saludable y noble cierto distanciamiento del alumno frente a esa figura; e insalubre y rastrero la sumisión dócil.

El odio hacia ese distanciamiento es odio a la libertad y por lo tanto odio a la vida.

El odio a la libertad:
Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad” explica la tendencia que tenemos hacia la irresponsabilidad y a huir de nuestra libertad. Esta renuncia a nuestra libertad lleva aparejado el odio a la libertad de los otros. La preocupación de subrayar el carácter obligatorio de la enseñanza, las normas de centro sobre las que los alumnos no tienen nada que decir, las decisiones de evaluación y burocráticas por lo general inapelables, etc. inundan todo el sistema de enseñanza académico. El alumno es, como un obrero en la fábrica, un miembro de un sistema productivo global en el que tiene voz pero no voto. La libertad se ve aniquilada por la racionalidad del sistema y por decisiones formalmente democráticas pero materialmente dictatoriales. Una pregunta que he escuchado hacer a alumnos de 15 años “¿Por qué hay una foto del Rey y la Reina en la pared frontal de nuestra clase si aquí nadie ha votado para que la haya?” Yo no sabría qué responder si no es diciendo que es una imposición del sistema.

El burgués desprecia a la libertad porque carece de ella, el hombre libre es para el esclavo una persona soberbia, insociable, inadaptado e irresponsable. Los alumnos que reclaman su libertad, igualmente, son alumnos conflictivos, que desconocen sus límites o que quieren imponerse. Citando el lugar común de “mi libertad acaba donde empiezan la de otros” nos ahorraríamos páginas y páginas de normativas de centro. La incapacidad que tiene el sistema educativo de distinguir entre libertad y libertinaje e, incluso me atrevería a decir, el empeño que tiene por no distinguirlos es campo abonado para las actitudes liberticidas tan comunes hoy.

Seguiremos tratando este tema en nuestro próximo post.
Sé feliz

martes, junio 20, 2006

La educación académica: un dios de hojalata (i)


"Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas la ciencia, de la que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo. En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía y me consumo al sol del mediodía." Friedrich Hölderlin


Las pasadas fiestas de Navidad decidí leer un libro que tenía en mente desde hace algún tiempo, el libro es “Mi familia y otros animales” de Gerald Durrell. Es una autobiografía suis generis del autor en sus años de niñez que pasó en la isla griega de Corfú. Es una maravillosa obra humorística que derrocha humanidad y amor a la naturaleza no obstante, este libro, en principio simple y superficial, me planteó una cuestión que ha estado rondando en mi mente desde entonces. La pregunta, que puede resultar un tanto radical pero, a la luz de este sencillo libro, es completamente planteable, es: ¿como de necesaria es la educación académica para la formación de una personalidad plena?

El pequeño Gerald Durrell en la mediterránea isla de Corfú va desarrollando un paulatino interés por los animales y las plantas de la isla. Caza lechuzas, pesca estrellas de mar, disecciona una tortuga muerta que encuentra en alta mar etc. Con el paso de los años este autor se transformó en un importante naturalista que trabajó en defensa del medio ambiente hasta el fin de sus días. El caso, sin embargo, es que la formación “oficial” de la escuela era reducida, incluso mínima. Narra las fatigosas y esporádicas clases con diferentes preceptores de las que no recuerda nada más que su incapacidad para el francés y la geografía. En ese clima de total libertad y casi carente de una educación escolar se desarrolló un niño que con el pasar de los años se transformó en un reputado zoólogo. Hoy en día que se escucha reiteradamente ese eslogan de que el nivel académico de los alumnos es pésimo me pregunto qué importancia tiene ese tan rimbombante nivel académico para el verdadero desarrollo de los alumnos... cada día sospecho más que la importancia es ninguna.

El domingo pasado terminé de leer el bellísimo libro de A. S. Neill “Summerhill” y mi opinión acerca de la nula importancia del sistema de formación académico se ha visto reforzada. La educación se ha transformado en un ídolo para el pensamiento democrático actual como la asistencia a la Iglesia lo fue para el pensamiento medieval. Piensa en tu etapa de estudiante ¿a cuantas injusticias te enfrentaste sin armas contra ellas? ¿cuantos excesos tuviste que admitir sabiéndote indefenso ante ellos? ¿cuantas veces quisiste reclamar un examen y comprendiste que eso era una inutilidad? Cuando hayamos respondido a todas estas preguntas quizás debamos plantearnos cuales fueron esos valores ciudadanos tan cacareados en los atriles de la defensa de la educación que nos fueron inculcados desde la más tierna infancia.

Poco a poco las guarderías, los colegios, los institutos e incluso las universidades se han transformado en almacenes de bebés, niños, adolescentes y jóvenes. Perfectas maquinarias para transformar a cualquier persona en un fiel votante del PP o del PSOE, en forofo seguidor de la Selección o en fan de “Gran Hermano”. Conocimientos muertos e inútiles emponzoñan nuestras escuelas.

Masificación es antónimo de libertad; el individuo en el universo académico no es más que un número entre cientos, cuando no miles. Así como en la sociedad post-industrial el trabajador se transforma en un engranaje más de la maquinaria de producción, el sistema académico de estas sociedades reproduce ese modelo antropológico. El fracaso escolar, en ocasiones, demuestra más espíritu de rebelión y de hastío que estupidez; la brillantez académica más servilismo que inteligencia.

En un país desarrollado una persona con formación superior debe invertir aproximadamente un tercio de su vida en la formación académica... quizás no estaría de más recordar esa frase de Oscar Wilde: “La educación es algo admirable, pero conviene recordar de vez en cuando que nada que merezca saberse puede ser enseñado”.

Este post, he de admitir, me ha quedado poco constructivo; en el próximo intentaré, de un modo más constructivo, mostrar otras formas de educación no liberticidas.
Sé feliz

sábado, junio 17, 2006

Pedagogia libre: Summerhill

Desde que dejé la educación y me dediqué a la psicología infantil, tuve que tratar con toda clases de niños: incendiarios, ladrones, embustero, niños que se orinan en la cama, niños de mal carácter. Años de intenso trabajo en la enseñanza de niños me han convencido de que sé muy poco relativamente de las fuerzas que motivan la vida. Pero estoy convencido de que los padres que sólo han tenido que tratar con sus propios hijos saben mucho menos que yo.

`Precisamente porque creo que un niño difícil es casi siempre difícil por el tratamiento equivocado que se le dio en el hogar me atrevo a dirigirme a los padres.

`¿Qué es el campo de la psicología? Sugiero la palabra curación. ¿Pero qué clase de curación? No quiero que se me cure de mi costumbre de preferir los colores naranja y negro; ni quiero que se me cure de la costumbre de fumar, ni de mi gusto por una botella de cerveza. Ningún maestro tiene derecho a curar a un niño de hacer ruido con un tambor. La única cura que debe practicarse es la de curar la infelicidad.

`El niño difícil es el niño infeliz. Está en guerra consigo mismo y, en consecuencia, está en guerra con el mundo.

`En iguales circunstancias se encuentra el adulto difícil. Ningún hombre feliz ha perturbado nunca una reunión, ni predicado la guerra, ni linchado a un negro. Ninguna mujer feliz ha sido nunca regañona con su marido ni con sus hijos. Ningún hombre feliz cometió nunca un asesinato o un robo. Ningún patrono feliz ha metido miedo nunca a sus trabajadores.

`Todos los crímenes, todos los odios, todas las guerras, pueden reducirse a infelicidad.”

Extraido de: A.S.Neill; Summerhill; FCE “Unas palabras de introducción” p. 17.