lunes, marzo 31, 2008
miércoles, marzo 26, 2008
Pan y la pesadilla (ii): el pánico
“Los que tienen miedo son aquellos que no asumen su miedo”
Jacquel Brel
Es fácil darse cuenta hasta que punto “no tener miedo a nada” es uno de los estereotipos occidentales que aún hoy es muy valorado. El miedo es algo negativo, propio de cobardes, en las películas americanas el apelativo “gallina” es una expresión despectiva habitual. Cristo no tiene miedo al martirio, ni los cristianos sacrificados en el circo, Hércules baja al Hades sin pestañear, Aquíles se enfrenta a la muerte segura matando a Hector sin temor... El temeroso, el cobarde, el gallina o el timorato son perfectos ejemplos de antihéroes de nuestro imaginario colectivo occidental. Hillman el su obra “Pan y la pesadilla” analiza el papel que debe ocupar el miedo, el pánico en nuestra vida psíquica. A continuación algunos fragmentos de la obra de Hillman que tratan sobre este tema:
“El miedo, en cuanto patrón instintivo de comportamiento, en cuanto parte de la “sabiduría del cuerpo”, por utilizar la expresión de Cannon, nos proporciona una conexión con la naturaleza (Pan) semejante al hambre, la sexualidad o la agresión. El miedo, igual que el amor, puede convertirse en un reclamo para la conciencia; uno encuentra lo inconsciente, lo desconocido, lo numinoso y lo incontrolable cuando tiene contacto con el miedo, que eleva el ciego pánico instintivo del rebaño al sagaz, astuto y reverencial temor del pastor.”
[...]
“No tener miedo, estar libre de angustia, de temor, ser invulnerable al pánico, significaría una pérdida de instinto, de conexión con Pan. Los que carecen de miedo tienen sus escudos; cuentan con construcciones que previenen de imprevistos, defensas sistemáticas que mantienen a raya la sorpresa”
[...]
"El pánico, especialmente de noche, cuando la ciudadela está a oscuras y el yo heroico duerme, constituye una participation mystique directa con la naturaleza, una experiencia fundamental, incluso ontológica, del mundo vivo e inmerso en el terror. Los objetos se convierten en sujetos; se mueven con vida mientras nosotros nos hallamos paralizados por el miedo. Cuando la existencia se experimenta a través de los niveles instintivos del miedo, la agresión, el hambre o la sexualidad, las imágenes adquieren una vitalidad propia e irresistible. Lo imaginal nunca resulta tan vívido como cuando nos hallamos instintivamente conectados con ello. El mundo vivo es, por supuesto, animismo. Que este mundo sea divino e imaginado por diferentes dioses con sus atributos y características es panteísmo politeísta. El que el miedo, el terror y el horror sean naturales es sabiduría. En términos de Whitehead, 'naturaleza viva' significa Pan, y el pánico abre una puerta hacia esta realidad"
James Hillman; Pan y la pesadilla; Ed. Atalanta 2007, p. 57-59
Articulos relacionados:
Pan y la pesadilla (i) (link)
Pan y la pesadilla (iii): la masturbación
Pan y la pesadilla (iv): fantasía y psicopatología
Pan y la pesadilla (y v): la violación
Sé feliz
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Fulgencio Robledero
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domingo, marzo 23, 2008
Pan y la pesadilla (i)
El libro “Pan y la pesadilla” (editorial Atalanta) recoge dos obras sobre la figura de Pan: “Ensayo sobre el dios Pan” obra del psicólogo norteamericano James Hillman y “Efialtes” del filólogo alemán Wilhelm Heinrich Roscher. Mientras que el ensayo de James Hillman me resultó bastante sugerente y profundo a pesar de su brevedad la obra de Roscher, aún teniendo cierto interés erudito, me pareció demasiada especializada. En este artículo y los siguientes me centraré en analizar algunas partes de la obra de Hillman. “Los motivos internos brotan de una fuente profunda”, empieza diciendo Hillman. Los motivos reales nos son desconocidos, parte de un trasfondo oculto, biológico y cultural, biológico en cuanto nos relacionan con la Naturaleza, cultural en cuanto nos relacionan con el universo de lo imaginario (léase “mitología” en el sentido más amplio). Sin embargo el monoteísmo de la conciencia, nuestra verdadera religión a juicio de Hillman, niega el trasfondo interno de nuestros motivos y al intentar exteriorizarlos en la conciencia los aniquila. Un retorno al universo mitológico y arquetípico de Occidente es decir el retorno a Grecia nos permitirá evitar el conflicto entre la bella y la bestia, entre el caos y la unidad.
Este “retorno a Grecia” es una constante en la cultura occidental: Roma, el Renacimiento o el Romanticismo suponen una renovación helenística de nuestro imaginario que permitió el desarrollo y el progreso de nuevas y originales imágenes artísticas, poéticas, filosóficas o científicas. Occidente se debate entre hebraísmo monoteísta y helenismo politeísta. El hebraísmo se aviene a un marco arquetípico de heroísmo yoico: Jesús, Mitra o Hércules representan el individuo heroico que de un modo u otro combate contra un mundo hostil. La Reforma protestante es otro ejemplo de hebraísmo toda vez que en el protestantismo el individuo, como unidad indivisible, se enfrenta a Dios frente a frente como en una especie de encuentro primordial.
Sin embargo la psique actual no es una psique heroica sino una psique en crisis que tiene otras fantasías que se relacionan con múltiples caminos que hollar y con un concepto fragmentario de la existencia. El camino de la psique en crisis es el helenismo ya que la huida hacia el orientalismo o el chamanismo, a juicio de Hillman, son simplistas al olvidarse de nuestra historia:
“El helenismo, sin embargo, nos aporta la tradición de la imaginación inconsciente; la complejidad politeísta griega anticipa nuestras situaciones psíquicas complicadas y desconocidas.” (p. 17)
Desde esta perspectiva va a utilizar Hillman la figura de Pan en su libro como clave interpretativa de nuestros terrores, anhelos y necesidades más profundas.
Sé feliz
Pan y la pesadilla (ii): el pánico(link)
Pan y la pesadilla (iii): la masturbación(link)
Pan y la pesadilla (iv): fantasía y psicopatología
Pan y la pesadilla (y v): la violación
Otros trabajos sobre "Pan y la pesadilla":
Dos escogidas recopilaciones de textos de la obra en Cabalgando al Tigre [1] y [2].
Artículo de Pablo Romero en la web de la Fundación Carl Gustav Jung.
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Fulgencio Robledero
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viernes, marzo 14, 2008
A veces no soy yo
De nuevo la agridulce primavera, el olor de azahar y sudor en las calles de la ciudad. Dentro de una semana volveré por aquí, mientras dejo una canción que hoy mismo encontré por casualidad huroneando por youtube. El sonido no es muy bueno pero la letra creo tiene encanto:
y diez mil frases que repetir.
Ya ves, lo que es no es.
Yo no voy a contar lo mejor,
a ocultar lo peor,
me pongo el mejor chaqué.
No digo lo que digo,
hago lo que no hago.
Al revés, al revés.
Porque ser valiente
no sólo es cuestión de suerte.
A veces no soy yo, busco un disfraz mejor
Bailando hasta el apagón
Disculpad mi osadía
Tú también tienes que ver
Que nunca tengo mi papel.
Nube gris, riega todo el jardín, todo el jardín
Todas las flores que no probé.
No olvido los sueños,
Vuelvo a lo que no acabo.
No perdí, no perdí
porque ser valiente
no sólo es cuestión de verte.
A veces no soy yo, busco un disfraz mejor
Bailando hasta el apagón
Disculpad mi osadía
Pensad que ya no estoy
Que el eco no es mi voz
Mejor aplaudo y vámonos
Qué termine esta función
Tras de mí una escena
Y diez mil frases que repetir
Ya ves, lo que es no es
A veces no soy yo, busco un disfraz mejor
Bailando hasta el apagón
Disculpad mi osadía
Pensad que ya no estoy
Que el eco no es mi voz
Mejor aplaudo y vámonos
Qué termine esta función
Déme la voz.
Apuntador, déme la voz.
martes, marzo 11, 2008
La maldición de Dios
Un día Jesús, hijo de María, se dirigía corriendo hacia la montaña. Alguien se puso a seguirlo gritando:
“¡Nadie te persigue! ¿Por qué corres así?”
Jesús, sólo preocupado por su huida, no respondió siquiera a la pregunta. Pero el otro reiteró su llamada:
“¡En nombre de Dios! ¡Detente! Quisiera solamente saber lo que haces, pues aparentemente, no hay motivo de temor!”
Jesús respondió:
“¡Huyo de un tonto! No te pongas en mi camino. ¡No retrases mi huida!”
El otro exclamó:
“¿Cómo? ¡Tú que posees el hálito santo! ¡Tú, que has curado a ciegos y sordos, Tú, que puedes resucitar a un cadáver soplando sobre él! ¡Tú, que hacer un pájaro de un puñado de barro! ¿Por qué ese temor?”
Jesús respondió:
“Es Dios quien ha creado mi alma y mi carne. Cuando invoco Su nombre, el ciego y el sordo quedan curados. Cuando invoco Su nombre, la montaña se dispersa como un almiar. Si murmuro Su nombre al oído de un cadáver, resucita. Una gota se convierte en un océano por Su nombre. Lo he invocado mil veces ante un tonto, pero no ha habido resultado alguno.”
El hombre insistió:
“¿Cómo es que el nombre de Dios, que influye en el sordo, el ciego y la montaña, no tiene efecto sobre un tonto? Si la tontería es una enfermedad como las demás, ¿cómo es que no se le encuentra remedio?”
Jesús respondió:
“La tontería es una maldición de Dios mientras que la ceguera no lo es. Pues se adquiere. Los males que se adquieren merecen piedad, pero la tontería es nuestra enemiga.”
¡Cómo Jesús, huye de los tontos! La conversación de los tontos hace disminuir tu fe, igual que el aire hace evaporarse el agua. Si te sientas sobre rocas húmedas, se va el calor de tu cuerpo y caes enfermo. El tonto enfría tu naturaleza. No creas que Jesús huía por temor. Estaba protegido por Dios. No, sólo lo hizo para enseñanza tuya.
Cuento extraído del libro: Rumi; 150 cuentos sufíes; Paidos Orientalia
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lunes, marzo 10, 2008
¿Qué es la filosofía antigua? De Pierre Hadot
“Hoy se considera soñador al que vive de una manera conforme a lo que enseña.” Kant
La lectura de la obra de Pierre Hadot “¿Qué es la filosofía antigua?” ofrece una idea sugerente sobre el sentido profundo de la filosofía, idea que se va desarrollando a lo largo de todo el libro. La filosofía tal y como la conocemos ahora, la filosofía de la enseñanza secundaria, de universidad, en definitiva, la filosofía de los profesores de filosofía se nos presenta hoy como una construcción teórica sin ninguna vinculación con la vida misma. La filosofía de Universidad es una disciplina centrada en la dilucidación de enigmas teóricos pero que no compromete, generalmente, al investigador con una opción vital determinada. La opción filosófica que se adopte (estructuralismo, psicoanálisis, posmodernismo, etc.) no lleva aparejada más que una coherencia argumentativa entre afirmaciones pero no una coherencia vital entre el discurso teórico y la acción.
Para Hadot esta idea de la filosofía no pertenecía a la disciplina en sus orígenes. La filosofía antigua fue un intento sincero de cambiar de vida, un deseo de vivir con coherencia y honestidad, una voluntad de alcanzar la felicidad sin indignidad. Para los lectores del divino Platón esto es obvio, la virtud platónica aparece una y otra vez en sus diálogos como meta del discurso filosófico y la figura de Sócrates, con su dramático final, es el perfecto ejemplo de que la filosofía, en sus orígenes, era antes un modo de vida coherente y auténtico que una mera especulación. El hecho de que Sócrates no dejara nada escrito y que su ocupación fundamental fuera inquirir a sus conciudadanos sobre la virtud moral muestra bien claramente lo que quiere decir Hadot.
Con esta idea central, la filosofía como compromiso vital, avanza Hadot en su libro analizando el papel de la “escuela” en la filosofía antigua. Platónicos, epicúreos, peripatéticos, estoicos, cínicos, neoplatónicos y escépticos se agruparon en sus respectivas escuelas. La escuela en la filosofía antigua no debe entenderse como un lugar de intercambio de información y conocimiento (al modo de los actuales centros de enseñanza) sino que eran, prioritariamente, centros de convivencia espiritual e intelectual. Así lo refleja Hadot con las cartas de Epicuro o con los fragmentos de testimonios sobre estos centros humanos. La filosofía nace en la antigüedad con la vocación de escuela ya que su voluntad es la trasformación del hombre, la invitación a un nuevo modo de vida, la vida filosófica en donde la vida y el discurso se mantienen entre sí, sustentándose en coherencia. Analizando un poco la Academia platónica, el Jardín de Epicuro o la convivencia de los cínicos vemos hasta que punto este hecho obvio puede pasar desapercibido para nuestra mentalidad intelectualista.
El cristianismo vino a continuar este modelo, por eso se pudo autoproclamar la “verdadera filosofía” porque proponía un “modo de vida” que la religión pagana no proponía pero sí la filosofía. Con esta usurpación del papel de la filosofía esta pasó a convertirse en lo que es hoy: un discurso sobre Dios, el hombre o el mundo cuya vinculación con el compromiso vital es mínimo. A pesar de lo dicho, Hadot reconoce que esta idea de la filosofía como compromiso vital nunca ha desaparecido del todo, Nietzsche, Schopenhauer, Spinoza o Montaigne son ejemplos de esto pero, indudablemente, este compromiso vital, esta invitación a vivir la vida en autenticidad y radicalidad no son, ni mucho menos, lo central en la filosofía occidental. Hadot propone una filosofía que revitalice su papel de trasformadora vital, que reviva su invitación loca e insensata a vivir una vida que merezca la pena ser vivida.
En este libro Hadot antes de centrarse en las doctrinas de las escuelas helenísticas se centra en sus propuestas vitales, comentando los ejercicios espirituales que todas estas escuelas practicaban, sobre todo meditaciones sobre máximas o sobre la fragilidad de la vida.
Un tema a mi juicio importante pero que el autor toca muy superficialmente son los paralelismos biográficos entre los filósofos griegos y los sabios orientales: la indiferencia escéptica ante todo, la renuncia radical a toda propiedad de los cínicos, la conciencia de lo vacío de los afanes humanos de los estóicos, la búsqueda total de la unión con el Uno de los neoplatónicos, la ingenua sonrisa del ignorante Sócrates... ¿no recuerdan la figura de tantos y tantos sabios orientales, que al fin y al cabo no buscaban más que lo que buscaban los antiguos filósofos griegos, la vida buena? Como dice J.-L. Solère citado por Hadot: “Los antiguos estaban quizás más cerca de Oriente que nosotros”.
Un libro interesante que nos muestra una filosofía viva, más allá de manuales polvorientos o monsergas de profesores funcionarios. Recomendable.
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Fulgencio Robledero
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viernes, marzo 07, 2008
Arte contemporaneo: ¿el rey desnudo?
No quiero parecer un rancio. Hay espacio para todos, pero aquellos que consideran al arte de museo un arte esnob, elitista y falso deben tener derecho a expresar su opinión (que es la mayoritaria) sin ser tachados de ignorantes o intolerantes con lo que no entienden. Hay espacio para todos y que la historia ponga a cada uno en su sitio.
Huroneando por la red me he encontrado este intenso artículo de Manuel López-Monteserín (link) sobre la degradación y banalización del arte y algo menos profundo pero también muy clarividente, el siguiente vídeo, que los disfrutes.
martes, marzo 04, 2008
Introducción al psicoanálisis
Datos biográficos de Sigmund Freud (extraidos de Wikipedia):
Freud nació el 6 de mayo de 1856 en Freiberg, Moravia (en la actualidad, P?íbor en la República Checa). Fue el mayor de seis hermanos (cinco niñas y un niño). Tenía además hermanastros de un matrimonio anterior de su padre. Cuando todavía era un niño, su familia se trasladó a Viena a causa de los disturbios antisemitas.

Pese a que Freud provenía de una familia de pocos recursos, sus padres se esforzaron para que obtuviera una buena educación. Ingresó en la Universidad de Viena a los 17 años, donde cursó sus estudios a pesar de que también había antisemitismo en Austria. En 1877, abrevió su nombre de Sigismund Schlomo Freud a Sigmund Freud. Los primeros años de Freud son poco conocidos ya que destruyó sus escritos personales en dos ocasiones, la primera vez en 1885 y de nuevo en 1907. Luego, sus escritos posteriores fueron protegidos cuidadosamente en los Archivos de Sigmund Freud, a los que sólo tenían acceso Ernest Jones (su biógrafo oficial) y unos pocos miembros del círculo cercano al psicoanálisis. El trabajo de Jeffrey Moussaieff Masson arrojó alguna luz sobre la naturaleza del material oculto.
En 1886, Freud se casó y abrió una clínica privada especializada en desórdenes nerviosos, donde empezó su práctica para tratar la histeria (la conoció por medio de Charcot, en su viaje a Francia) y la neurosis utilizando el método catártico de Josef Breuer en pacientes. Más tarde abandonó este método en favor de la asociación libre. Observó que podía aliviar los síntomas de sus pacientes recostándolos en un sofá y animándolos a que expresaran lo primero que les venía a la mente. Comenzó desde ese momento a desarrollar los fundamentos del psicoanálisis.
Tras publicar algunos textos sobre sus investigaciones, Freud fue designado profesor en la Universidad de Viena en 1900. Comenzó a incorporar personas que se sumaron al movimiento psicoanalítico que empezaba a definirse. Freud tenía poca tolerancia hacia los colegas que disentían de sus doctrinas teóricas, y algunos se separaron eventualmente. Los ejemplos más conocidos son Carl Jung y Wilhelm Reich.
En 1938, tras la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi, Freud (judío) escapó con su familia a Inglaterra con ayuda financiera de su paciente y familiar, Marie Bonaparte. Al cruzar la frontera alemana se le exigió que firmara una declaración donde se aseguraba que había sido tratado con respeto por el régimen nazi (a pesar de haber sufrido arresto domiciliario).
Freud estaba enfermo de cáncer oral, tuvo 33 intervenciones quirúrgicas a partir del año 1923, falleció en 1939 a causa de una sobredosis de morfina inyectada por un colega a petición del mismo Freud, que no podía soportar los dolores producidos por el cáncer que sufría en la boca.
Las teorías de Sigmund Freud y el tratamiento que daba a sus pacientes causaron un gran revuelo en la Viena del s. XIX y el debate sobre las mismas continúa en la época actual. Sus ideas son a menudo discutidas y criticadas, y muchos consideran su obra como más bien perteneciente al campo del pensamiento y de la cultura en general. Además, existe un amplio debate sobre si el psicoanálisis y los tratamientos asociados a él pertenecen al ámbito de la ciencia.
La división de opiniones sobre Freud se puede resumir de este modo; por un lado, sus seguidores más convencidos le consideran un gran científico de la medicina que descubrió importantes verdades sobre la psicología humana; y por otro, sus críticos lo ven como un filósofo que replanteó la naturaleza humana y nos ayudó a derribar tabúes, pero cuyas teorías, como ciencia, fallan en un examen riguroso.
La estructura de la personalidad según el psicoanálisis:
Según Freud la personalidad humana surge del conflicto entre nuestros impulsos instintivos tendentes a la agresividad y a la búsqueda del placer, por un lado, y los límites sociales que se les impone por otro. La personalidad se construye como un intento de conciliar estas dos instancias buscando la satisfacción de nuestros instintos sin ser víctimas de los sentimientos de culpa o castigo. Para explicar este conflicto Freud construyó unos conceptos teóricos que interactuaban entre sí: el ello, el yo y el super-yo. Estos conceptos no tienen que considerarse como poseedores de una verdad objetiva sino más bien como herramientas útiles para la comprensión de la dinámica de nuestro psiquismo.
El Ello:
Freud, desde el paradigma antropológico del darwinismo, asumió que las motivaciones básicas del hombre no podían ser diferentes a las de cualquier otro animal: autoconservación, agresividad y reproducción; no obstante, estas motivaciones no aparecían tal cual en nuestra vida social, como sí que aparecen en el resto de animales, sino que quedan ocultas, por conveniencias culturales, a un nivel inconsciente. El ello es ese depósito inconsciente de nuestra energía psíquica primaria que busca la satisfacción de esos impulsos biológicos primitivos. Obviamente el ello actúa movido por el principio del placer: busca la satisfacción de nuestros deseos. Pensemos en un niño que en un supermercado coge una bolsa de patatas la abre y empieza a comérsela para vergüenza de su madre; está actuando movido por el principio del placer, busca la mera satisfacción de la necesidad biológica de alimentarse.
Los impulsos del ello son innumerables sin embargo podemos agruparlos en dos grandes instintos primarios: Eros y Tánatos. El impulso de Eros tiende a la reunión de elementos dispersos en una unidad mayor por esto también se le denomina impulso de vida ya que la construcción de nuevas realidades es su meta principal. Por su parte, el impulso de Tánatos busca la disolución de una unidad en un conjunto de elementos más pequeños, se le denomina también impulso de muerte. Para Freud estos impulsos están presente incluso en algunos procesos inorgánicos de la naturaleza (atracción-repulsión, cristalización-disolución, etc.). El deseo de formar una familia, de pertenecer a un grupo social, de construir algo puede ejemplificar el impulso de Eros; por contra el deseo de desintegrar una realidad social o de romper con las ataduras culturales que nos constriñen pueden ejemplificar a la perfección el impulso de muerte.
Es importante subrayar que Freud no hace una consideración ética de estos dos impulsos, toda vez que este tipo de consideración no es pertinente al pertenecer estos impulsos a una realidad amoral como el ello. Eros no es bueno como Tánatos tampoco es malo, estas consideraciones carecen de valor y fundamento. ¿Acaso el deseo de un hombre de cuarenta años de permanecer bajo la tutela de su mamá es algo bueno? ¿Acaso el deseo de independencia en un joven es malo? Vemos que estas consideraciones carecen de sentido en sí mismas y las valoraciones morales se sitúan a un nivel muy diferente que las valoraciones psicológicas.
Además Freud subraya que ambos impulsos se retroalimentan y dependen entre sí. Por ejemplo, un león desea cazar una presa, para ello necesita matarla y digerirla (Tánatos) pero la finalidad de esta acción no es la destrucción en sí sino que quizás sea el mantenimiento del propio organismo o incluso alimentar a las crías (Eros).
El yo:
A medida que el niño va creciendo va también aprendiendo que sus deseos chocan con el mundo real; esto fuerza al niño a readaptar sus deseos a ese mundo real a través del principio de realidad. Así se construye el yo consciente en el primer año de vida del sujeto, el yo que creemos que somos. Este yo es la parte visible de nuestra personalidad pero las raíces profunda de nuestra identidad permanecen en el lado inconsciente de nuestro psiquismo. Todas las motivaciones conscientes no son más que motivaciones inconscientes transformadas por el super-yo para que el yo pueda conservar incólume su autoconcepto. Un ejemplo típico es el amor sexual; a pesar de la poesía, el arte que lo ensalza, o los sentimientos tan nobles que alimenta, desde la perspectivas psicoanalítica el amor tiene un origen inconsciente en el impulso de la autoperpetuación que aparece en todos los seres vivos; la creación simbólica asociada al amor (la ternura, el afecto, la fidelidad) no son más que velos con los que encubrir su motivación primaria, biológica e incluso fisiológica. El yo se complace en considerar que sus sentimientos se basan en principios nobles y no en un mero impulso de satisfacción instintivo.
Los elementos inconscientes son lesivos para el concepto que de sí mismo posee el yo, por esta razón esos elementos inconscientes son reprimidos y no surgen a la conciencia más que en ocasiones puntuales como sueños y actos fallidos. Los procesos de libre asociación o la interpretación de los sueños del paciente son metodologías terapéuticas propias del psicoanálisis.
El super-yo:
Más tarde en el proceso de desarrollo, a los cuatro o cinco años, el individuo empieza a desarrollar ideales de comportamientos que nos dicen no sólo como debemos de actuar para satisfacer los impulsos del ello (principio de realidad del yo) sino como deberíamos de comportarnos. Así el sujeto va interiorizando y creando una conciencia moral que va más allá de la adecuación práctica de su conducta a la realidad. El super-yo genera un “ideal del yo” que intenta de imponer al propio yo efectivo.
El super-yo nace de las exigencias culturales que pesan sobre el sujeto desde su más tierna infancia. La sociedad en su conjunto, pero sobre todo los padres del niño son los que construyen dentro de él esta instancia psíquica. Sentimientos como los de culpa o satisfacción moral son generados en el super-yo cuando este es satisfecho en sus exigencias.
Las exigencias del ello (principio de placer) y del super-yo (ideal moral de yo) están en franco conflicto la resolución de este conflicto es tarea del yo que debe mediar entre las exigencias biológicas encarnadas por el ello y las exigencias sociales representadas por el super-yo. En este cruel conflicto la posición del yo es siempre comprometida e inestable: por un lado el ello acosa al yo con exigencias perentorias que precisan satisfacción inmediata, por otro lado, el super-yo reprime esos impulsos e incluso las motivaciones ocultas tras las “nobles” acciones del yo. La salud mental es ese equilibrio inestable entre estas dos potencias.
Neurosis y psicosis:
Cuando se produce el inevitable conflicto entre el ello y el super-yo el yo puede resolver este conflicto de un modo sensato y socialmente admitido o puede no hacerlo. Cuando no se resuelve este conflicto de un modo apropiado surge una patología mental; el yo, en este caso, puede identificarse unilateralmente con las exigencias del super-yo o, por contra, con las exigencias del ello. En un caso se produce la neurosis y en otro la psicosis.
Por neurosis Freud entendía un abigarrado número de patologías mentales que tienen como nexo común que una conducta patológica afectada de estados de profunda culpa, miedo o ansiedad. El lavarse repetitivamente las manos puede ser un ejemplo de esta conducta neurótica que pretende “purificar” de un modo simbólico los aspectos del ello que el yo se afana en ocultar para satisfacer al super-yo. El miedo a los espacios abiertos puede tener el mismo origen: el deseo de proteger al yo ideal de un choque contra el mundo real que le produciría angustia y ansiedad. Otros trastornos como los depresivos pueden caer bajo esta amplia etiqueta de “neurosis” toda vez que en estos trastornos el sujeto desarrolla una continua baja autoestima y un continuo sentimiento de culpa: el super-yo domina la vida psíquica del enfermo mostrándole de continuo su alejamiento de lo que “debería ser” según los estrictos criterios del yo ideal del super-yo.
Por psicosis Freud entendía aquellos trastornos en donde el sujeto se exiliaba de la realidad y construía otra diferente a la realidad socialmente admitida. El psicótico tiene alucinaciones y no ve la realidad tal cual nosotros la vemos sino distorsionada por las exigencias del ello que al final llevan al enfermo a un estado de desconexión total con la realidad social y a un profundo sentimiento de soledad. Según el psicoanálisis las psicosis sobreviene cuando el enfermo se ha tenido que enfrentar a hechos dramáticos y frustrantes que le han empujado a cortar sus nexos con la realidad, es decir a abandonar el principio de realidad del yo en aras del principio de placer. El sufrimiento del enfermo psicótico llega cuando percibe la exclusión social y afectiva que conlleva su ruptura con la realidad ordinaria de tal manera que una construcción irreal del mundo que debería satisfacer plenamente al ello desconectado con la realidad se convierte en una pesadilla.
Los niños pequeños tienen episódicos comportamientos neuróticos (fobias, angustias, etc.) y psicóticos (amigos invisibles, alucinaciones, etc.) pero estos desajustes son normales en cualquier desarrollo psíquico. El equilibrio entre las exigencias del ello y del super-yo es difícil y alcanzarlo es un proceso complejo con muchos escollos intermedios.
Mecanismos de defensa (extraído íntegramente del manual de Psicología Myers):
La ansiedad, decía Freud, es el precio que pagamos por la civilización. Como miembros de grupos sociales debemos controlar nuestros impulsos sexuales y agresivos y evitar mostrarlos. Pero a veces el yo teme la pérdida del control en su lucha interna entre las exigencias del ello y del super-yo, y el resultado es una nebulosa oscura de ansiedad desmedida, que nos deja el sentimiento de intranquilidad sin saber cuál es la causa. En esos momentos, según Freud, el yo se protege a sí mismo con mecanismos de defensa. Estas tácticas reducen o reorientan la ansiedad de diversas maneras, pero siempre distorsionando la realidad. Veamos seis ejemplos.
La represión elimina de la conciencia los pensamientos y los sentimientos que despiertan la ansiedad. Según Freud, la represión subyace a todos los otros mecanismos de defensa, cada uno de los cuáles oculta impulsos amenazantes y los mantiene alejados de la conciencia. Para él, la represión explica por qué no recordamos el deseo que sentíamos por nuestro progenitor del otro sexo en la infancia. Sin embargo, también creía que la represión suele ser incompleta, que los impulsos reprimidos afloran en los símbolos oníricos y en los lapsus verbales.
Siguiendo con la teoría de Freud, también luchamos contra la ansiedad mediante la regresión, es decir, con el retorno a una etapa más temprana del desarrollo infantil. Por tanto, es posible que cuando un niño se siente ansioso por los primeros días de colegio haga una regresión a la etapa oral y empiece a chuparse el pulgar. Los monos jóvenes, cuando están ansiosos, regresan al regazo de su madre o de u sustituto. También los estudiantes universitarios de primer año pueden extrañar la seguridad y la comodidad de su hogar.
En el tercer mecanismo de defensa, la formación reactiva, el yo disfraza de manera inconsciente los impulsos inaceptables y aparecen como sus opuestos. En el camino hacia la conciencia, la frase inaceptable “lo odio” se convierte en “lo quiero”, la timidez se vuelve osadía y los sentimientos de inferioridad se transforman en fanfarronería.
La proyección disimula los impulsos amenazantes atribuyéndoselos a los demás. Por tanto, “no confía en mí” puede ser una proyección de un sentimiento real “no confío en él” o “no confío en mí mismo”. [...]
El mecanismo conocido de la racionalización sucede cuando generamos inconscientemente una justificación para poder ocultarnos a nosotros mismos los motivos reales de nuestros actos. Es así que los bebedores habituales pueden decir que beben con sus amigos “para ser sociables”. [...]
El desplazamiento, siguiendo a Freud, desvía los impulsos agresivos o sexuales hacia un objeto o una persona que es psicológicamente más aceptable que el que despiesta los sentimientos. Los niños que temen expresar enojo contra los padres pueden desplazar este sentimiento pateando a su mascota. Los estudiantes molestos por un examen pueden descargar su malestar contra un compañero.
Todos estos mecanismos de defensa funcionan de manera indirecta e inconsciente y reducen la ansiedad al disimular los impulsos amenazantes. Así como el organismo se defiende inconscientemente contra la enfermedad, así también, creía Freud, el yo se defiende inconscientemente contra la ansiedad.
fuentes:
Myers, David G.; PSICOLOGIA; Editorial Médica Panamericana.
Wikipedia; “Sigmund Freud”
http://www.robertexto.com/archivo1/teoria_psico_perso_1.htm
http://www.robertexto.com/archivo1/teoria_psico_perso_2.htm



