miércoles, marzo 26, 2008

Pan y la pesadilla (ii): el pánico


“Los que tienen miedo son aquellos que no asumen su miedo”

Jacquel Brel

Es fácil darse cuenta hasta que punto “no tener miedo a nada” es uno de los estereotipos occidentales que aún hoy es muy valorado. El miedo es algo negativo, propio de cobardes, en las películas americanas el apelativo “gallina” es una expresión despectiva habitual. Cristo no tiene miedo al martirio, ni los cristianos sacrificados en el circo, Hércules baja al Hades sin pestañear, Aquíles se enfrenta a la muerte segura matando a Hector sin temor... El temeroso, el cobarde, el gallina o el timorato son perfectos ejemplos de antihéroes de nuestro imaginario colectivo occidental. Hillman el su obra “Pan y la pesadilla” analiza el papel que debe ocupar el miedo, el pánico en nuestra vida psíquica. A continuación algunos fragmentos de la obra de Hillman que tratan sobre este tema:


“El miedo, en cuanto patrón instintivo de comportamiento, en cuanto parte de la “sabiduría del cuerpo”, por utilizar la expresión de Cannon, nos proporciona una conexión con la naturaleza (Pan) semejante al hambre, la sexualidad o la agresión. El miedo, igual que el amor, puede convertirse en un reclamo para la conciencia; uno encuentra lo inconsciente, lo desconocido, lo numinoso y lo incontrolable cuando tiene contacto con el miedo, que eleva el ciego pánico instintivo del rebaño al sagaz, astuto y reverencial temor del pastor.”

[...]

“No tener miedo, estar libre de angustia, de temor, ser invulnerable al pánico, significaría una pérdida de instinto, de conexión con Pan. Los que carecen de miedo tienen sus escudos; cuentan con construcciones que previenen de imprevistos, defensas sistemáticas que mantienen a raya la sorpresa”

[...]

"El pánico, especialmente de noche, cuando la ciudadela está a oscuras y el yo heroico duerme, constituye una participation mystique directa con la naturaleza, una experiencia fundamental, incluso ontológica, del mundo vivo e inmerso en el terror. Los objetos se convierten en sujetos; se mueven con vida mientras nosotros nos hallamos paralizados por el miedo. Cuando la existencia se experimenta a través de los niveles instintivos del miedo, la agresión, el hambre o la sexualidad, las imágenes adquieren una vitalidad propia e irresistible. Lo imaginal nunca resulta tan vívido como cuando nos hallamos instintivamente conectados con ello. El mundo vivo es, por supuesto, animismo. Que este mundo sea divino e imaginado por diferentes dioses con sus atributos y características es panteísmo politeísta. El que el miedo, el terror y el horror sean naturales es sabiduría. En términos de Whitehead, 'naturaleza viva' significa Pan, y el pánico abre una puerta hacia esta realidad"


James Hillman; Pan y la pesadilla; Ed. Atalanta 2007, p. 57-59

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Pan y la pesadilla (iv): fantasía y psicopatología
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Sé feliz

2 comentarios:

Pola dijo...

Me parece muy cierto que habiéndonos alejado de otros caminos que conectan con lo numinoso, el miedo parece mantener su poder para traspasar lo cotidiano totalmente intacto. La noche, como bien explica el texto que citas, anima todo lo que nos encontramos: las estatuas parecen respirar y el encuentro con un animal que te observa atentamente en el silencio y la soledad se convierte en una hierofanía; sientes que tiene algún mensaje para ti y tu impresión es que, de algún modo, tú también lo tienes para él. Dirías que sólo la costumbre os impide hablar.

Un saludo.

Fulgencio Robledero dijo...

Incluso los miedos que creemos superados gracias a la razón y a la técnica reaparecen una y otra vez como si tuvieran vida propia.

El antiguo miedo a los bandidos de los caminos se ha transformado en el miedo a un accidente de coche o avión mortal. El camino como peligro parece un tema recurrente en nuestra imaginación.

El miedo a la pulmonía o a la peste apenas ha sido hoy metemorfoseado en el miedo al cancer o alguna otra enfermedad antes apenas conocida.

Por último y en relación a lo que tú comentas el miedo a la noche, a los demonios nocturnos, a las fieras salvajes se ha convertido en el terror a horrores humanos: asesinos, violadores, bandas urbanas... que es también ¿cómo no? el miedo a lo demoníaco que se refleja en lo que nos es lejano (ovnis, fantasmas, mostruos desconocidos) pero también en lo que somos, en el hombre mismo y quizas por eso nos resulte más terrible que nunca.

Salud