martes, febrero 05, 2008

La realización simbólica. Diario de una esquizofrénica ( I )

El libro de Sechehaye que comento hoy es quizás uno de los últimamente que más me han impresionado tanto humana como intelectualmente. La obra consta de dos partes diferenciadas, por un lado, en “La realización simbólica” la doctora Sechehaye narra el desarrollo patológico de una esquizofrenia en una joven llamada Renée, desde sus inicios en la pubertad hasta la edad adulta, terminando con la curación de la enferma gracias a la terapia de realización simbólica. Por otro lado, la misma enferma en “Diario de una esquizofrénica” expone sus experiencias con la enfermedad, el trato degradante que sufre como enferma mental, el terror que le acompaña en cada una de sus vivencias y su paulatino restablecimiento.

Sechehaye propone una terapia novedosa que hoy por hoy parece rechazada por la psiquiatría oficial. Para la doctora las alucinaciones o las conductas alteradas del esquizofrénico no son simples afloramientos sin sentido de una mente trastornada sino que son plasmaciones de necesidades psíquicas insatisfechas. Desde la perspectiva psicoanalítica esta idea no debe resultar extraña ya que los síntomas neuróticos también son considerados en el psicoanálisis como intentos de restablecer la economía psíquica del paciente. Renée había sido desahuciada por la psiquiatría de su época y todo apuntaba a que “se trata de una esquizofrénica en sus comienzos (está en la edad en que a menudo se desarrolla una hebefrenia), no es posible ayudarla mucho, pues está en el camino de la desintegración mental, común en estos casos” (La realización simbólica cap. II) sin embargo, el método de Sechehaye logró el total restablecimiento de Renée.


La clave del método de Sechehaye es que considera que la patología del enfermo mental “habla” de sus necesidades psíquicas, de nuevo, esto no debería resultar chocante desde el psicoanálisis toda vez que uno de los elementos de la terapia psicoanalítica original era la interpretación de los sueños del paciente como manifestación de su vida psíquica profunda. Lo novedoso del método de Sechehaye es que no sólo ve las alucinaciones o conductas anómalas de Renée como “síntomas” de su patología sino también como intentos simbólicos de superar el estado esquizofrénico. De este modo la patología “habla” a la enferma de la enferma misma; la alucinación, las visiones del “Otro Mundo” no son afloramientos de las cloacas de lo irracional sino exhibiciones simbólica de necesidades profundas de la enferma. El camino de la enfermedad es también el camino del restablecimiento psíquico, el camino que transcurre por el “Otro Mundo” es también el que llevará a Renée hacia esta alucinación socialmente admitida llamada “Mundo Real”.


Aunque no estoy del todo de acuerdo con la perspectiva terapéutica del método de realización simbólica me interesa el tratamiento de Sechehaye porque, consciente o inconscientemente recuerda a los sistemas arcaicos de iniciación cuya estructura básica “muerte y resurrección” es una constante obvia en todo el método de la doctora: las voces que hablan a Renée, las visiones, su hablar caótico y sin aparente sentido son una puerta del “Otro Mundo”, que es un cielo y un infierno, en donde la enferma se sumerge (como Hércules descendiendo al Hades) para quedar atrapada en él o para salir victoriosa de la lucha con el Cancerbero.


Leyendo a Sechehaye quizás podamos comprender la ineficacia de la psiquiatría oficial que impera en la actualidad. La depresión, la esquizofrenia o la ansiedad son llamadas desde el otro lado del espejo, llamadas terribles, no lo ignoro, pero llamadas que nos invitan a la “muerte y resurrección” de una estructura psíquica que, por las razones que sea, se ha vuelto ya inoperante. Hoy en día las drogas (medicinas aturdidoras de la conciencia) o las ficciones colectivas han sustituido a la iniciación; nos quedamos temerosos en las puertas del Averno y llamamos a nuestra cobardía “sensatez”. Con una pastilla queremos olvidar lo que nuestra alma grita pero no podemos olvidar que olvidamos y así sucede que esa llamada pasa sobre nosotros como una estrella fugaz, sin dejar rastro en nuestro espíritu, desapareciendo en el horizonte y abandonándonos en nuestras tristes seguridades a la espera de la siguiente crisis que nos dejará, de nuevo, tan vacíos de vida como nos encontró.


Sé feliz

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