* Objetivismo o subjetivismo estético:
Otra polémica clásica de la teoría estética es la que se plantea si los juicios u objetos estéticos tienen ese valor estético subjetivamente u objetivamente; o, en otras palabras, si el juicio estético es fruto de la mente de cada individuo como si de un juicio de, por ejemplo, mero gusto culinario se tratase o si ese juicio estético depende de algún criterio objetivo de decisión.
El objetivismo estético constata el hecho de que los objetos bellos son admitidos como tales culturalmente; ejemplo de esto son los museos, las películas clásicas que gustan a público mayoritariamente, los grupos o las canciones populares, etc. El hecho de que existan inclinaciones o aversiones estéticas hacia ciertos objetos tan mayoritarias mostraría que los juicios o los objetos estéticos tienen algún tipo de mayor o menor objetividad. Las disparidades de los juicios estéticos quedarían explicadas por una falta de cultivo de las facultades del gusto o por una simple perversión del juicio estético en ciertos individuos. Vendrían a decir los objetivistas estéticos que el hecho de que haya asesinos no significa que el asesinato sea correcto de igual modo, que el hecho de que haya gente que le guste el Fary cantando no implica que la obra de este interprete tenga verdadero valor artístico.
El objetivismo estético puede ser de dos tipos: objetivismo del objeto u objetivismo del juicio.
El objetivismo estético del objeto es aquella teoría estética que sostiene que existen objetos que de por sí son bellos. Del mismo modo que la nieve es de color blanca algunos objetos artísticos o naturales tienen alguna propiedad estética objetivamente determinada. Una canción, un paisaje o un cuadro al cumplir ciertas leyes estéticas obtiene unas propiedades estéticas determinadas. La objetividad del juicio estético, no estaría en los sujetos que elaboran el juicio sino en los objetos mismos sobre los que se elabora ese juicio.
El llamado número áureo o ( ([1+(5]/2 = 1,6180339...) parece apoyar la teoría los objetivistas estéticos del objeto. Este número representa una proporción que se repite con frecuencia tanto en el arte como en la naturaleza. El número o proporción áurea aparecen en los siguientes elementos del arte, las matemáticas o de la naturaleza:
- La relación entre la distancia entre las espiras del interior espiralado de cualquier caracol.
- La relación entre los lados de un pentágono.
- La disposición de los pétalos de las flores (el papel del número áureo en la botánica recibe el nombre de Ley de Ludwig).
- La distribución de las hojas en un tallo.
- La relación entre las nervaduras de las hojas de los árboles.
- La relación entre el grosor de las ramas principales y el tronco, o entre las ramas principales y las secundarias (el grosor de una equivale a F tomando como unidad la rama superior).
- La distancia entre las espirales de una piña.
- La Anatomía de los humanos se basa en una relación Phi exacta, así vemos que:
:: La relación entre la altura de
un ser humano y la altura de su ombligo.:: La relación entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos.
:: La relación entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla.
:: La relación entre el primer hueso de los dedos (metacarpiano) y la primera falange, o entre la primera y la segunda, o entre la segunda y la tercera, si dividimos todo es phi.
:: La relación entre el diametro de la boca y el de la narizo Es phi la relación entre el diámetro externo de los ojos y la línea interpupilar.
:: Cuando la tráquea se divide en sus bronquios, si se mide el diámetro de los bronquios por el de la tráquea se obtiene phi, o el de la aorta con sus dos ramas terminales (ilíacas primitivas).
:: Está comprobado que la mayor cantidad de números phi en el cuerpo y el rostro hacen que la mayoría de las personas reconozcan a esos individuos como lindos, bellos y proporcionados. Si se miden los números phi de una población determinada y se la compara con una población de modelos publicitarios, estos últimos resultan acercarse mas al número phi.
- Relaciones arquitectónicas en las Pirámides de Egipto.
- La relación entre las partes, el techo y las columnas del Partenón, en Atenas (s. V a. C.).
- El número áureo aparece en las relaciones entre altura y ancho de los objetos y personas que aparecen en las obras de Miguel Ángel, Durero y Da Vinci, entre otros.
- Las relaciones entre articulaciones en el hombre de Vitruvio y en otras obras de Leonardo da Vinci.
- En las estructuras formales de las sonatas de Mozart, en la Quinta Sinfonía de Beethoven, en obras de Schubert y Debussý (estos compositores probablemente compusieron estas relaciones de manera inconsciente, basándose en equilibrios de masas sonoras).
(fuente de la enumeración anterior: Wikipedia, la enciclopedia libre)
La reiteración de esta proporción matemática en la naturaleza y en el arte en los objetos que consideramos estéticamente logrados mostraría, para los objetivistas estéticos del objeto, que efectivamente lo bello es una propiedad objetiva del objeto en mayor o menor medida.
Los objetivistas del juicio estético son menos radicales que los objetivistas que consideran la belleza, o cualquier otro valor estético, una propiedad de los objetos. Los objetivistas del juicio consideran que la objetividad procede del sujeto que emite el juicio de valor estético. Ya que todos los hombres sentimos frío, calor, dolor, placer y otras emociones físicas en iguales circunstancias ¿por qué no va a ocurrir lo mismo con las emociones estéticas? Ya que todos los hombres, excepto los enfermos, poseemos básicamente las mismas capacidades de sensibilidad e incluso de racionalidad es lógico suponer que tengamos unas capacidades estéticas similares. La educación puede influir en algo al elaborar estos juicios pero en gran medida son comunes a todos los hombres.
Esta idea del objetivismo del juicio estético fue común entre pensadores ilustrados que consideraban a todos los hombres iguales no sólo en derechos sino también en capacidades racionales. Este igualitarismo ético de todos los hombres tan propio de la Ilustración se convirtió en la reflexión estética en un objetivismo igualitario del juicio estético.
Frente al objetivismo, como se dijo, se situaba el subjetivismo estético. Como su nombre indica el subjetivismo estético considera que el juicio estético es un juicio meramente subjetivo que depende de la sociedad y del sujeto que lo realiza. Las coincidencias en gustos son meras anécdotas y no se pueden establecer criterios de demarcación entre lo que es arte y lo que no lo es; entre lo que es bello y lo que no. Desde un subjetivismo estético radical podríamos decir que una novela rosa puede tener el mismo valor artístico que el Quijote ya que, efectivamente si alguien considera la novela rosa estéticamente lograda y el libro de Cervantes algo sin valor estético ¿cómo podemos contradecirle?
La antropología, por otro lado, muestra numerosos modos de arte en los diferentes pueblos. Para el subjetivismo la ideología del objetivismo estético es una ideología etnocentrista y elitista. Es etnocentrista porque tiende a pensar que el arte "verdadero" es el de la civilización occidental despreciando otras formas de artes como "primitivo". El objetivismo estético es elitista según el subjetivismo porque pretende encumbrar los valores estéticos de una determinada clase social como los únicamente valiosos y correctos, generalmente esta clase social es la económicamente dominante. Por lo tanto para el subjetivismo el objetivismo estético puede ser un modo de ejercer el dominio ideológico sobre las clases sociales y culturales más desfavorecidas.
El arte de museos del XX tiene una mentalidad estética eminentemente subjetivista ya que dota al sujeto de un gran campo para la interpretación de la obra de arte. El artista "vanguardista" no tiene porque atenerse a cánones objetivos y socialmente admitidos para crear su obra. Un ejemplo de este subjetivismo lo vemos en el movimiento vanguardista del dadaísmo que consideraba que "todo es arte" y que distinguir entre lo que era y no era arte era, en definitiva, un acto de violencia sobre la libertad del juicio estético del individuo.
Este urinario masculino de porcelana firmado por R. Mutt fue presentado a la primera exposición de la Society of Independient Artists que se inauguró el 9 de Abril de 1917 en Nueva York por el artista dadaísta Marcel Duchamp. La obra fue rechazada y no fue expuesta.
* La relación de lo estético con lo bueno y lo verdadero:
Si entendemos a lo bueno como el ámbito propio de la ética y a lo verdadero como el ámbito de la metafísica podemos decir que las relaciones que los filósofos han establecido entre la estética, la ética y la metafísica han sido diversas y complejas.
En la filosofía antigua y medieval se consideraba generalmente que los valores de bello, bueno y verdadero eran equivalentes entre sí. Lo bello era el equivalente estético de lo bueno o de lo verdadero. Esta perspectiva ha acompañado al pensamiento occidental durante siglos y aún hoy sigue subyaciendo en nuestra mentalidad vulgar. Solemos considerar que lo verdadero es bueno y bello o que lo bello y lo bueno tienen una estrecha relación. Nos cuesta concebir, por ejemplo, que lo que llamemos "verdad"