Internados de Goffman
El pasado noviembre tuve la suerte de leer la obra de Goffman "Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales". Como su nombre indica en este trabajo Goffman analiza la situación de los enfermos mentales desde una perspectiva netamente sociológica: estuvo conviviendo en una institución mental de Estados Unidos observando la interacción social entre los enfermos y los cuidadores.
"Internados" muestra el proceso mediante el cual una "persona normal" pasa a transformarse en "enfermo mental" y las consecuencias a nivel de rol social que esta transformación implica. El enfermo mental posee el estigma (concepto muy trabajado en toda la obra de Goffman) de la insania que lleva aparejado la desintegración del yo del enfermo mental y la reconversión de un ciudadano libre en un paciente. A partir de que una persona es considerada "insana" todos sus actos, todas sus ideas, todas sus pequeñas manías se vuelven significativas desde la óptica psiquiátrica y apoyos para reafirmar la insania del paciente. Por ejemplo, la repentina melancolía que cualquiera de nosotros puede sentir en algún momento puntual se transforma, cuando hablamos de un paciente mental, en un síntoma de su carácter depresivo.
Otro ejemplo que pone el mismo Goffman es el de la búsqueda de la identidad del enfermo a través de pequeñas propiedades; Goffman constata que el las instituciones psiquiátricas las propiedades de los enfermos son totalmente impersonales (mesas, sillas, ropa, camas, etc.), esto hace que algunos enfermos guarden recortes de periódicos, pequeños alambres, trozos de cristal como propiedades personales que le dan identidad. Desde la óptica psiquiátrica se interpreta este fetichismo como otro ejemplo sintomático del estado patológico del paciente pero ¿no podría identificarse como la búsqueda de una identidad que el sistema le niega al enfermo mental? Si uno de nosotros guarda una piedra bonita en su escritorio o tiene un especial aprecio a alguna foto se considera normal, si el enfermo mental realiza esta misma acción, adaptada a las limitaciones del entorno de un hospital mental, este comportamiento es evaluado como patológico.
"Creo que casi toda la información contenida en las historias clínicas es verdadera; pero también creo que casi todas las vidas pueden contener los suficientes hechos denigrantes para justificar una solicitud de reclusión"
Por otro lado en el artículo titulado "La carrera moral del paciente mental" Goffman explica el proceso de desintegración de la personalidad del paciente dentro de la institución total que es un hospital psiquiátrico. De la noche a la mañana alguien que ha tenido un estatus social determinado ve que pierde todos sus anteriores roles y entran en un proceso de pérdida de identidad y de independencia cuyo principal objetivo es, en apariencia al menos, su curación. En primer lugar la hospitalización rara vez es voluntaria sino que más bien ocurre a instancia de un pariente que obliga al paciente a entrar en el centro psiquiátrico bajo la amenaza frecuente de cortar cualquier vínculo social con él o, sencillamente, lleva al paciente engañado al centro en el que queda ingresado. Después vendrá lo que en su lenguaje sociológico Goffman denomina "coalición alienativa": se invita al paciente a "conversar sinceramente sobre el asunto" con el psiquiatra pero en el curso de esta conversación "sincera" el paciente descubre que el médico posee información personal sobre él que él mismo no ha facilitado y que esa información sólo ha podido ser entregada por personas allegadas al pacientes, en ocasiones sólo por la más allegada; en este contexto el paciente cae en una situación de desconfianza total hacia su entorno social lo que le genera una profunda sensación de soledad y de alienación: sus roles sociales previos no le habían preparado para ver y saber su intimidad descubierta por sus personas más cercanas. Teniendo en cuenta la importancia que tiene la creación del sentimiento de intimidad en la construcción del se comprenderá las dificultades y conflictos psíquicos en los que se encuentra el enfermo mental al ser objeto de terapia.
Una vez dentro de la institución mental el paciente se ve obligado a rendir pleitesía y obediencia a completos desconocidos, desconocidos que en el anterior juego de roles sociales ocupaban un estrato igual o incluso inferior al propio paciente. Esto unido al continuo análisis de la vida presente del interno en el centro y las experiencias vitales anteriores al internamiento (su historia clínica total) desde una óptica patologizante hacen que el yo del enfermo mental sufra un proceso cruel y sistemático de deconstrucción. De esto concluye Goffman:
"Acostumbrarse a vivir en condiciones de exhibición inminente, expuesto a enormes fluctuaciones en la consideración que se recibe, sin saber ni poder hacer gran cosa para obtenerla o conservarla: he aquí un importante paso en la socialización del paciente, y al propio tiempo una revelación importante sobre lo que en realidad significa ser interno de un hospital psiquiátrico. El hecho de tener los errores pasados y la evolución presente bajo la incesante vigilancia moral ajena, parece provocar una forma especial de adaptación, que consiste en una actitud desprovista de moral hacia los ideales del ego."
"Internados" de Goffman refleja un lugar común en la cultura occidental, los frágiles muros que separan la cordura y la locura, pero esta vez desde una perspectiva crítica que desnuda las contradicciones de instituciones aparentemente humanitarias en donde el fin, la curación, justifica los medios, el desprecio a los derechos y la dignidad moral del paciente. Lectura interesante para cualquiera pero mucho más para aquellos que piensan que loco será, no muy pronto, la nueva manera de llamar al disidente.
"Internados" muestra el proceso mediante el cual una "persona normal" pasa a transformarse en "enfermo mental" y las consecuencias a nivel de rol social que esta transformación implica. El enfermo mental posee el estigma (concepto muy trabajado en toda la obra de Goffman) de la insania que lleva aparejado la desintegración del yo del enfermo mental y la reconversión de un ciudadano libre en un paciente. A partir de que una persona es considerada "insana" todos sus actos, todas sus ideas, todas sus pequeñas manías se vuelven significativas desde la óptica psiquiátrica y apoyos para reafirmar la insania del paciente. Por ejemplo, la repentina melancolía que cualquiera de nosotros puede sentir en algún momento puntual se transforma, cuando hablamos de un paciente mental, en un síntoma de su carácter depresivo.
Otro ejemplo que pone el mismo Goffman es el de la búsqueda de la identidad del enfermo a través de pequeñas propiedades; Goffman constata que el las instituciones psiquiátricas las propiedades de los enfermos son totalmente impersonales (mesas, sillas, ropa, camas, etc.), esto hace que algunos enfermos guarden recortes de periódicos, pequeños alambres, trozos de cristal como propiedades personales que le dan identidad. Desde la óptica psiquiátrica se interpreta este fetichismo como otro ejemplo sintomático del estado patológico del paciente pero ¿no podría identificarse como la búsqueda de una identidad que el sistema le niega al enfermo mental? Si uno de nosotros guarda una piedra bonita en su escritorio o tiene un especial aprecio a alguna foto se considera normal, si el enfermo mental realiza esta misma acción, adaptada a las limitaciones del entorno de un hospital mental, este comportamiento es evaluado como patológico.
"Creo que casi toda la información contenida en las historias clínicas es verdadera; pero también creo que casi todas las vidas pueden contener los suficientes hechos denigrantes para justificar una solicitud de reclusión"
op. cit. editorial Amorrortu 1970, traducción de María Antonia Oyuela de Grant. p. 162
Por otro lado en el artículo titulado "La carrera moral del paciente mental" Goffman explica el proceso de desintegración de la personalidad del paciente dentro de la institución total que es un hospital psiquiátrico. De la noche a la mañana alguien que ha tenido un estatus social determinado ve que pierde todos sus anteriores roles y entran en un proceso de pérdida de identidad y de independencia cuyo principal objetivo es, en apariencia al menos, su curación. En primer lugar la hospitalización rara vez es voluntaria sino que más bien ocurre a instancia de un pariente que obliga al paciente a entrar en el centro psiquiátrico bajo la amenaza frecuente de cortar cualquier vínculo social con él o, sencillamente, lleva al paciente engañado al centro en el que queda ingresado. Después vendrá lo que en su lenguaje sociológico Goffman denomina "coalición alienativa": se invita al paciente a "conversar sinceramente sobre el asunto" con el psiquiatra pero en el curso de esta conversación "sincera" el paciente descubre que el médico posee información personal sobre él que él mismo no ha facilitado y que esa información sólo ha podido ser entregada por personas allegadas al pacientes, en ocasiones sólo por la más allegada; en este contexto el paciente cae en una situación de desconfianza total hacia su entorno social lo que le genera una profunda sensación de soledad y de alienación: sus roles sociales previos no le habían preparado para ver y saber su intimidad descubierta por sus personas más cercanas. Teniendo en cuenta la importancia que tiene la creación del sentimiento de intimidad en la construcción del se comprenderá las dificultades y conflictos psíquicos en los que se encuentra el enfermo mental al ser objeto de terapia.
Una vez dentro de la institución mental el paciente se ve obligado a rendir pleitesía y obediencia a completos desconocidos, desconocidos que en el anterior juego de roles sociales ocupaban un estrato igual o incluso inferior al propio paciente. Esto unido al continuo análisis de la vida presente del interno en el centro y las experiencias vitales anteriores al internamiento (su historia clínica total) desde una óptica patologizante hacen que el yo del enfermo mental sufra un proceso cruel y sistemático de deconstrucción. De esto concluye Goffman:
"Acostumbrarse a vivir en condiciones de exhibición inminente, expuesto a enormes fluctuaciones en la consideración que se recibe, sin saber ni poder hacer gran cosa para obtenerla o conservarla: he aquí un importante paso en la socialización del paciente, y al propio tiempo una revelación importante sobre lo que en realidad significa ser interno de un hospital psiquiátrico. El hecho de tener los errores pasados y la evolución presente bajo la incesante vigilancia moral ajena, parece provocar una forma especial de adaptación, que consiste en una actitud desprovista de moral hacia los ideales del ego."
op. cit. editorial Amorrortu 1970, traducción de María Antonia Oyuela de Grant. p. 167
"Internados" de Goffman refleja un lugar común en la cultura occidental, los frágiles muros que separan la cordura y la locura, pero esta vez desde una perspectiva crítica que desnuda las contradicciones de instituciones aparentemente humanitarias en donde el fin, la curación, justifica los medios, el desprecio a los derechos y la dignidad moral del paciente. Lectura interesante para cualquiera pero mucho más para aquellos que piensan que loco será, no muy pronto, la nueva manera de llamar al disidente.
Salud
Texto de T. S. Szasz relacionado: Inconformismo o locura (link)
La construcción social del yo según Goffman (link)
La construcción social del yo según Goffman (link)




3 comentarios:
Desde la antipsiquiatría siempre se ha denunciado la cuestión de la alienación como eje central en el proceso de la enfermedad mental.
Así la psiquiatría radical ha terminado convirtiéndose en crítica social.
Pero, al igual que el panóptico -que era una estructura arquitectónica preparada para la perfecta vigilancia de los presos y más tarde de las fábricas y los colegios- se puede tomar como un modelo de la sociedad de control del siglo XX, el mecanismo de alienación de los Internados que tan bien describe Goffman encajaría perfectamente en lo que yo considero el modelo de la sociedad represiva del siglo XXI.
Todos los procesos que describes en este magnífico post se pueden generalizar al contexto de la sociedad y tendríamos como resultado lo que me temo será el hombre del mañana.
En los últimos años estamos viendo cómo la vida común de la gente se medicaliza y se ha "estigmatizado" a casi todo el mundo como insano, y , como si de un paciente mental se tratara, casi cualquier comportamiento se puede considerar como causa o síntoma de enfermedad; la repentina melancolía de cualquiera se toma ya como indicio de depresión; el repentino enfado de un niño se toma ya como indicio de hiperactividad...
El fetichismo de los pacientes mentales tiene como efecto en la sociedad general el consumismo con el que los ciudadanos alienados buscan su identidad. Las personas también, cada vez más dependientes y observadas, pierden su intimidad y tienden a adaptarse con esa misma actitud "desprovista de moral hacia los ideales del ego".
Es el fascismo medicalizado. Terrorífico, ¿verdad?
Hola
interesante tu reflexión. al hacer la lectura del libro me vino la idea de que las "instituciones totales" de las que habla Goffman (el hospital psiquiátrico es una de estas instituciones) tienen ciertas semejanzas con el sistema educativo obligatorio impuesto por el Estado en el siglo XX. El control, la estigmatización, la relación guardianes-residentes y otros rasgos se me antojaban muy similares en las instituciones totales y los centros educativos... ¡ya incluso arquitectónicamente! Pero lo cierto es que no había caido en la cuenta de que, efectivamente, este desarrollo de la estigmatización ya a sobrepasado las barreras de las instituciones totales (cárceles, psiquiátricos, leproserías) para extenderse a toda la sociedad gracias a la tv.
Soy optimista pero no ingenuo, tengo confianza en el carácter indomable del alma humana que ha echado al traste tantos proyectos totalitarios pero sin ninguna duda el Gran Hermano nos vigila y sin la conciencia y denuncia de su Presencia y de su Mirada estigmatizadora difícilmente podremos escapar de esta vorágine de idiotez.
Salud
Yo también soy en verdad optimista.
De hecho, creo que mi visión del futuro se corresponde más con la situación actual que con lo que esté por venir.
Si el sistema gasta tantos recursos, como medios de comunicación de masas e instituciones en imponer sus inercias es porque ellos también saben al espíritu humano de naturaleza libre.
Podrán domar a una parte de una sociedad. Pero nunca a todos y menos siempre.
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